
Hasta ahora la unidad, dependiente de Aena, contaba con ocho personas, dos por turno, pero desde el 22 de enero el aeropuerto ha subido de categoría a nivel del SEI. En concreto, el servicio ha alcanzado la categoría 5 (antes era de 4). «Se ha realizado por iniciativa de Aena siguiendo las recomendaciones que marca la normativa de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI)», explica Cristina Echeverría, directora del aeropuerto Logroño-Agoncillo. En líneas generales este cambio ha traído más personal de asistencia, entre ellos la primera mujer bombero en La Rioja, y la posibilidad de recibir a aviones más grandes.
Hasta hace unos meses el aeropuerto aumentaba puntualmente la presencia de bomberos siguiendo las exigencias de las naves. «La presente variación -apunta Echeverría- se hace atendiendo al aumento del tráfico y por el mayor tamaño de los aviones que hacen uso de las instalaciones».
Desde hace dos semanas son tres los profesionales que velan por la seguridad de instalaciones y pasajeros desde las 6 a las 22.30 horas los días laborables y desde las 8.30 a las 21.30 horas, los festivos. En ocasiones este horario se aumenta por los 'vuelos hospital', aquellos que traen a equipos de trasplantes, o por 'vuelos de estado', visitas oficiales a horas extremas.
Y es que la actividad de un bombero de aeropuerto resulta muy específica. Así una vez superada la oposición se desarrollan cursos de formación para especializarse. Accidentes en aeronaves y en terminales, fuego en interiores y plataformas centran sus horas de aprendizaje. Pero esto no termina ahí, ya que de vez en cuando reciben nuevas enseñanzas en un centro de Gijón de alto nivel.
Curiosamente, entre la docena de profesionales que operan en La Rioja ninguno es autóctono. Pamplona, Madrid, Bilbao, Vitoria, Burgos o Asturias son los orígenes de los bomberos. Para compaginarlo tienen un 'truco': trabajan un día y libran tres.













