
- A pesar de los esfuerzos por parte de las instituciones por poner freno a la lacra de los malos tratos, las cifras son demoledoras.
- Ha aumentado el número de denuncias, pero eso no es una mala noticia. La visión positiva de esos datos es precisamente que está empezando a aflorar un problema que hasta ahora permanecía oculto, y esto puede ser una consecuencia de la mayor información y de una mayor concienciación social. Lo que sí me alarma es el número de muertes en España, y también el aumento de denuncias entre las personas jóvenes.
- ¿Esas denuncias de gente joven pueden ser indicativas de que el machismo sigue instalado en la cultura de las nuevas generaciones?
- La cultura machista tiene unas raíces muy profundas y, efectivamente, no está superada. Pero yo no diría que la juventud es machista; quiero ser positiva y pienso que es algo que se está superando, aunque nuestra sociedad aún tiene unos tintes de agresividad y de violencia.
- ¿Y cómo cambiar eso? ¿Quizá a través de la educación en los colegios?
- Sí, hay que apostar por la educación, eso está claro, pero no es la única receta. A la violencia hay que hacerle frente desde más campos, por ejemplo desde el campo de los medios de comunicación, que tienen una gran influencia sobre la juventud, y también desde las relaciones cotidianas que se dan en el ambiente familiar.
- Las denuncias han aumentado mucho y, sin embargo, los expertos dicen que esto no es más que la punta del iceberg del drama de los malos tratos. ¿Por qué cree que tantas maltratadas siguen 'ocultas'?
- Creo que existe miedo, y también una gran dependencia afectiva de las mujeres respecto al maltratador. Además, muchas de ellas se sienten culpables de su situación y tienen una especie de vergüenza a par el paso.
- Aparte de estos condicionantes de tipo psicológico, ¿no puede haber también una sensación de desprotección?
- Yo pienso que no. Ahora mismo la ley ampara a la mujer maltratada con un montón de derechos y tiene muchos apoyos institucionales para dar ese paso. Creo que la clave está en el mundo de las emociones, que es tremendamente complicado. También sería importante el que, desde un punto de vista social, no se viera la violencia de género como un suceso puntual del que podemos huir apagando el televisor. Hay que conseguir un rechazo social frontal hacia los malos tratos y hacia el agresor.











