La compañía Les Grands Ballets Canadiens de Montreal representará mañana en el teatro Bretón de Logroño la obra "Minus one", compuesta por 11 piezas diferentes que representan otros tantos sentimientos o estados de ánimo del ser humano.
Las bailarinas Vanessa Montoya y Tais Martínez, junto al coreógrafo Pierre Lapointe, han presentado hoy en Logroño este espectáculo, que llega a la capital riojana desde Salamanca y dentro de una gira europea del ballet canadiense, que les ha llevado ya a Italia y Luxemburgo y que incluye a Gijón y otras ciudades italianas, de nuevo, y alemanas.
"Minus One", dirigido por el macedonio Gradimir Pankov, reúne fragmentos de siete coreografías del israelí Ohad Naharin entre las que no hay un relato que una los fragmentos, pero sí un hilo conductor que es el movimiento de los bailarines en función del estado de ánimo que les inspira cada parte del ballet.
La variedad de los fragmentos de este ballet implica también que las músicas que incluye sean muy diversas, desde el "Mambo Fever", una versión jazz de "Qué será, será", hasta "Cha Cha Cha de Amor".
"Minus One" fue representado por esta compañía por primera vez en España en 2006 y se ha asentado como uno de los principales espectáculos de esta compañía, que cuenta con 32 bailarines de varias nacionalidades diferentes.
Entre ellos están las españolas Montoya y Martínez, quienes hoy han asegurado que este ballet es "muy físico", según la primera y "único", para la segunda.
"Si ves cada parte por separado parece que no tienen relación, pero en conjunto crean una pieza única, que no tiene una historia como hilo conductor, no se cuenta nada, sino que se crean emociones", aseguró Tais Martínez, quien ha detallado que cada una de las partes del ballet son introducidas por un diálogo de un bailarín.
"Donde hemos bailado esta obra, hemos tenido éxito, porque hacemos partícipe al público de nuestras emociones, con un lenguaje corporal fácil de entender, porque los sentimientos son algo universal", ha añadido Vanessa Montoya.
El coreógrafo Pierre Lapointe ha incidido en que "precisamente el éxito de esta pieza es que falta un hilo conductor y, así, los espectadores crean su propia historia" y, además, "logramos desestabilizar a los espectadores, que pasan de un estado de ánimo a otro en cada parte".