Que los precios están por la nubes no es ninguna novedad. Pero que 122 personas se disfracen de material escolar con el objetivo de indicar lo cara que está la vida, ya tiene más guasa.
Las APAS de los colegios Siete Infantes y San Pío X tampoco se quedaron a la zaga en cuanto a presencia en este desfile. Brujas, duendes, elfos, magos y trolls llegaron del barrio de la Estrella, siguiendo la estela de la carroza que les acompañó en su peregrinación por las calles de la capital; un enorme banco de peces se desplazó desde la zona oeste, 110 'pequeñines' que reivindicaron la importancia del agua.
Un elemento acuoso en forma de lluvia que no llegó. Las miradas a lo largo del día se dirigieron a un encapotado cielo que amenazaba con remojar a la animosa procesión. Una situación que se vivió el año pasado y éste, al coincidir con el Día de la Marmota, hubiera ocasionado una desagradable coincidencia.
Sin embargo todo quedó en nada y una improvisada bandera de La Rioja, formada por 30 jóvenes del Centro El Tacón, pudo ondear sin miedo a mojarse. Del agua del fondo marino surgieron los 'esparpeces carnavaleros' del colegio General Espartero. Desde Lobete se encargaron de invitar a unos particulares marcianos, mientras que desde el Caravanig Club Rioja se nos dijo «vamos de pinchos», y aparecieron 40 erizos.
El colofón lo pusieron los elegantes miembros de la comparsa del Picadero Equus: 39 jinetes difrazados de la época de Luis XV, a lomos de sus no menos distinguidas monturas. El desfile fue un éxito de público y de participación, no en vano intervinieron en él unas 800 personas.