
En el 2001, un puñado de enfermeras riojanas ya dio el salto a Italia respondiendo a la oferta de la Fundación Salvatore y buscando una alternativa laboral más sólida que trabajar en periodos vacacionales, cubriendo alguna baja o prestando sus servicios en clínicas privadas por un sueldo raquítico.
El Gobierno británico también ha venido rastreando en otros caladeros profesionales para su sistema sanitario. Hasta allí acudieron en el 2004 los médicos logroñeses Jorge Milazzo y Sonia González, cansados, como confesaban entonces, de guardias interminables de fin de semana y de ir peregrinando por centros sanitarios de toda la región en busca de la ansiada estabilidad laboral.
El otorrino Vicente Infante es otro de esos especialistas que ha probado la vía extranjera para poder ver cumplidas sus expectativas profesionales. Tras concluir sus estudios de Medicina en la Universidad de Zaragoza, y a la vista de las escasas posibilidades de acceder aquí a una plaza de Otorrinolaringología a través del MIR, Infante optó en el 2003 por lo mismo que otros compañeros de facultad: completar su especialidad en Italia. «Si tienes muy claro a qué quieres dedicarte, como es mi caso, el modelo de acceso en España es complejo y sólo si cuentas con una nota altísima o mucha suerte puedes trabajar en el área que deseas», explica. En Italia, sin embargo, al ser las universidades las que gestionan las plazas de las diferentes especialidades «es más factible acceder a un área concreta y convalidarlo luego aquí». La contrapartida: estatus y sueldo de universitario, excesiva burocratización y cierto «caos» del sistema.
Cuatro años de estudio en la Universidad de Messina y residencia en el hospital Gaetano Martino le facilitaron la formación en la especialidad deseada para, una vez aquí, acceder con el tiempo al sistema público. Infante se trajo también consigo una experiencia «única». «Te das cuenta de que las necesidades son muy similares aquí y en el resto de Europa», afirma para apuntar que la diferencia de medios y calidad es relativa. «A veces nos quejamos de lo que tenemos aquí sin saber lo que hay fuera», concluye.












