A finales de los 90, decidí invertir los raquíticos ahorros -que para mí entonces eran todo un capital- fruto de mi todavía breve experiencia laboral en los valores del momento, los 'puntocom'. Las empresas tecnológicas proliferaban como setas y todo aquel con un poco de iniciativa se lanzaba a operar a través de la Red como consecuencia del desarrollo de Internet. No faltaba financiación, pero sí una visión de negocio cegada por los beneficios a corto plazo. Así que compré un poco de aquí y un poco de allá. Crucé el charco y me embarqué en unos valores promesa que cotizaban en el Nasdaq, y aquí, en estas tierras, precisamente me quedé con Terra. No hace falta que diga qué fue de mis primeros ahorros a partir del 2000, en plena crisis de las 'puntocom'. Se hubieran hecho con el oro en la modalidad de Slalom Supergigante en Salk Lake City.
Con un 'pico' menos en el bolsillo recuerdo mi primera experiencia en bolsa desde la rabia de haber pagado la novatada. Ahora, con unos años más y recuperados mis ahorrillos a golpe de trabajo, quiero convertirme en una 'cazadora de gangas' y con la canana ajustada me adentraré en el parqué madrileño como vaquero en la cantina del Far West. Comprar hoy y vender mañana con un sólo objetivo: apurar los eurillos para que la recesión de la mano de la crisis inmobiliaria sea, al menos, más llevadera.











