
Insisto, me ha impresionado, hay metralla para todos y pone el dedo en la llaga. Pero, ¿por qué extrañarnos?, ¿qué se puede esperar de un sistema educativo que en algo más de 20 años ha publicado nada menos que 6 leyes orgánicas? (LODE, LOGSE, LOPEGCE, LOCE, Ley Orgánica de FP, LOE). Nuestros políticos parecen expertos en derogarse leyes los unos a los otros, en lugar de hacer una profunda reflexión sobre el hecho de que tanto unos como otros tienen, desde hace años, competencias educativas plenas en las distintas comunidades autónomas donde gobiernan y en general con resultados deplorables. Parece ser que La Rioja se ha librado de la quema.
Algunos estamos en la recta final de nuestra vida profesional y puede que nos hayamos quedado un tanto trasnochados, pero sí hemos visto los resultados a lo largo de tantos años y francamente lo que veo en estos momentos no me gusta. Observo a no pocos niños y adolescentes que se pasan horas y horas delante de un ordenador o de una consola, que no sólo no les ayuda a pensar por si mismos, sino que les llena la cabeza de un montón de basura. Muy pocos cogen un libro con auténtico placer. El lenguaje que usan es pobre, cuando no vulgar, ordinario y de mal gusto. Su dificultad para leer comprensivamente o para redactar con un mínimo de corrección, es notable. Su comportamiento cívico es también mediocre, por no decir patético. No respetan a los mayores -padres, profesores, etc- ni tampoco se respetan entre ellos. No cuidan el entorno, ni la naturaleza, ni las cosas; no hay más que ver las pintadas y otro tipo de destrozos tanto en los centros escolares como en el medio urbano.
Afortunadamente, también hay alumnado correcto, educado y responsable, que, en ocasiones y como indica el autor de la carta arriba mencionada, son las víctimas de los anteriores. Se ven en la situación de no poder avanzar en sus estudios convenientemente por la extorsión que esta panda de gamberros ejerce reiteradamente en las clases, se ríen de ellos e incluso sufren acoso y
¿Por qué hemos llegado a esta situación?
Creo firmemente que en parte es fruto de un sistema en el que, bajo la excusa de que todos tienen derecho a una educación igualitaria y a obtener un certificado de estudios obligatorios (cosa que comparto), se han rebajado los contenidos a niveles que rozan la incultura; se ha hecho un culto a la ley del mínimo esfuerzo, no vaya a ser que el alumno no sea feliz si se le pide que estudie; se ha querido dar la imagen de que la modernidad y el progreso no tiene nada que ver con la buena educación, el respeto, el esfuerzo y la responsabilidad.
Por otro lado, nuestros políticos están utilizando la educación como arma arrojadiza para desprestigiar al contrario y conseguir votos; y esto, a mi entender, es muy grave. Es hora de que se imponga la sensatez y, aparcando diferencias, se llegue a un consenso donde prime el bien de los alumnos por encima de sus intereses políticos y que de una vez por todas logremos la estabilidad necesaria para poder dar una educación de calidad, que es algo más que educación para la ciudadanía sí ó educación para la ciudadanía no, es algo más que tener un buen nivel en nuevas tecnologías o en dominar varios idiomas, todo ello muy bueno y loable, pero que de poco servirá si no educamos a la persona integralmente.
Además, llevamos unos años en que el enfrentamiento entre profesores y padres es un ejercicio habitual. ¿Cómo pretender que el alumno adquiera unos hábitos de estudio y de comportamiento adecuados si, con demasiada frecuencia, los padres desautorizan, incluso delante de sus hijos, al profesor? Educar es cosa de todos, padres, profesores y sociedad en general; pero si esos todos no sólo no colaboran, sino que se contradicen y enfrentan, al final el pagano es el sujeto que pretendemos educar.
En fin señores políticos, lo dicho, hagan el esfuerzo de sentarse a pensar lo mejor y sobre todo, lleguen a acuerdos en asuntos fundamentales y no utilicen la educación para sus fines políticos. De ello depende que el sistema educativo no produzca futuros ciudadanos con una formación deplorable y unos hábitos de trabajo lamentables.





