
Dado el importante desnivel de la subida (en siete kilómetros se ascienden más de setecientos metros) algunos, los menos, pensaron que el conjunto de las neveras estaba lejos. Pero poco a poco, con almuerzo incluido, se fue llegando hasta el centro de lo que fue en su día la 'Casa de la Nieve'.
«Logroño, en el siglo XVI, traía el hielo de Navarra, de la zona de Estella; entonces hubo un conflicto y problemas con los precios», explicaba Salvador Peñalva, médico de profesión, gran amante del Moncalvillo e impulsor de la recuperación del sendero. Aclarando siempre que su rigor científico es relativo, Peñalva fue introduciendo a los presentes el negocio del frío: «El 27 de enero del 1597 (de ahí que la fiesta se celebrase ayer) el Ayuntamiento de Logroño acordaba construir un complejo de neveras en el Moncalvillo».
También se repasó el origen glaciar de las 'ensecadas' o ríos de piedras, de donde se sacaban los cantos para construir las paredes de las neveras; las características de Moncalvillo (llamado Monte Calvo), en el que se acumulaba mucha nieve en los ventisqueros; la riqueza de especies animales y vegetales de la zona; el refugio, situado junto a los pozos, para cobijar a los trabajadores de la nieve; las carboneras, en las que se hacía carbón vegetal; los hormigueros gigantes...
Tras la instructiva marcha, los asistentes regresaron a Sojuela para compartir el buen yantar. En las calles del pueblo las mujeres, ataviadas con ropas similares a las utilizadas para transportar el hielo en verano desde el monte hasta Logroño, repartieron rosquillas, chocolate, caldo, vino y 600 raciones de patatas con chorizo (elaboradas por tres vecinos). Además, los marchosos recibieron un diploma del Ayuntamiento de Sojuela y concluyeron la jornada tomando helado de vino. El negocio del hielo es pasado; la 'Casa de la Nieve' sigue siendo presente.












