Pongamos todo eso y mucho más. Pero, aún así, si eso mismo nos hubiera sucedido a usted o a mí, seguro que viviríamos hundidos bajo el peso de aquella muerte, abochornados por haber arruinado -aunque fuera sin culpa- la vida de un pobre mocete de 17 años y de unos padres condenados para siempre a recordar. Y seguro que nos importaba tres cojones si a nuestro flamante Audi A-8 aquel chaval le había causado tres o cuatro rayones.
Pero, ya ven ustedes, hay gente que vive con menos ahogos morales. Hay gente que, dos años más tarde, reclama a los padres un buen dinerito para arreglar el Audi con el que mató a su hijo. Y lo que es peor: hay gente que, después de hacer eso, en lugar de vivir escondida y humillada, se pasea ufana por todas las televisiones poniendo cara de
Pero ahora, tras el jaleo, el fiscal se ha propuesto reabrir el caso, sentar al pedigüeño del Audi como imputado y examinar las nuevas pruebas aportadas por la familia. Si finalmente eso sucede, habrá que ver la cara que pone el tipo. Y la de su abogado. Dos tíos listos.












