
Nuevo repaso al atestado de la Guardia Civil, el informe de los peritos, circunstancias del accidente que siguen sin aclararse, y la imagen de lo ocurrido aquella noche dando vueltas una y otra vez en la cabeza. «Mi marido llegó a oír el golpe desde el camping», explica Rosa. «Pensé -puntualiza Antonio- que a algún coche se le había reventado una rueda. Pero enseguida vino una señora corriendo. Es Enaitz, es Enaitz, decía. Me puse loco».
Los padres del chico salieron disparados hacia la carretera. La gente que se arremolinaba junto al cadaver del ciclista trató de impedir que Rosa y Antonio vieran el cuerpo, pero el hombre al final lo hizo. Estaba destrozado.
El matrimonio cuenta que ambos se quedaron extrañados cuando el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Haro decidió archivar el caso por la vía penal. A pesar de que el auto judicial daba tres días de plazo para que fuera recurrido, Rosa y Antonio no lo hicieron. «Lo primero -dice la mujer- porque en ese momento no estás para esas cosas. Y después, porque pensamos que el hombre que mató a nuestro hijo también estaría pasándolo mal».
La opinión que ahora tienen sobre la sensibilidad del conductor ha cambiado. «Es un sinvergüenza, un canalla, un monstruo», dice Rosa con rabia. «Cuando me enteré de que nos pedía el dinero de la reparación del coche me indigné tanto que casi llego a enfermar».
Durante el pasado octubre se celebró la vista previa de este caso que se terminará de juzgar el próximo miércoles en Haro. Demandante y demandados coincidieron en los Juzgados. «Se reía de nosotros -asegura Rosa-, se reía chulescamente. Si no lo veo no lo creo. Me tuve que cambiar de sitio porque si no no sé lo que le hago».











