En un pueblo de unos veinte habitantes estables, casi la mitad es atendida los martes por la médica de Torrecilla. Algunos reciben la atención a domicilio, el resto se acerca hasta el bar. Entre ellos hay varios fijos (Nicolás, Teresa y Aureliano) y ayer, martes, no faltaron a la cita.
«Venimos siempre, más que nada por controlarnos la tensión, el azúcar, que nos hagan recetas...», explican al unísono. Los problemas de oído y los catarros son otras de las patologías que se tratan. Y es que no hay equipamiento, sólo el que la mé-dica trae en el maletín dispuesto para visitas a domicilio.
Con todo ello, los vecinos, que piden mejores instalaciones, reconocen el buen hacer de la profesional médica. «Todavía recuerdo cómo subió a visitarnos en marzo del año pasado, había 50 centímetros de nieve», recuerda Aureliano.












