Jesús María Martínez es el director del centro educativo Doctor Castroviejo, el colegio en donde hace un año ganó la opción de la jornada continua por tan solo seis votos. Hoy, según dice, «hay una sensación de satisfacción generalizada».
«En estos momentos estamos realizando una encuesta entre los padres. Cuando tengamos esos resultados podremos hablar con cifras objetivas en la mano, pero, de momento, puedo decir que el ambiente que se respira es de satisfacción». «Los profesores -explica- están contentos; los padres, por lo que me dicen, también; y los alumnos no están notando que aumente su nivel de fatiga como algunos pronosticaban».
Martínez comenta que los niños más pequeños, que son quienes en principio más podían resentirse por lo prolongado de la jornada, «parece que están respondiendo muy bien». «Ellos traen su fiambrera al colegio y, a mediodía, se ponen todos juntos a almorzar en clase. Hay un menú marcado, cada día toca una cosa», explica.
El director recuerda que la jornada continua «no fue una iniciativa de los profesores, sino de los propios padres de alumnos. Ellos fueron los que se movilizaron, hicieron una encuesta por su cuenta y pusieron todo esto en marcha».
Fácil adaptación
La sensación de haber acertado con el cambio de horario es compartida por Fernando Frías, el director del centro Gonzalo de Berceo.
«Los padres me comentan que están muy contentos», dice Frías. «Algunos me han contado que lo hablan con otros padres de niños que van a otros colegios y al final ellos también acaban solicitando que en sus centros se vote por la jornada continua».
«El profesorado se ha adaptado muy bien, y también los alumnos», asegura. «Los niños van a casa y tienen toda la tarde libre por delante. Están más relajados y pueden hacer mejor sus deberes». Además, según Frías, no se ha producido el temido 'bajón' de rendimiento y de concentración que se preveía al final de una jornada tan densa. «La última hora de la tarde con la jornada partida era mucho más complicada de lo que ahora es la última hora del día con la jornada continua», asegura.
«Los padres están contentos y los profesores también. Los niños rinden más y están más atentos, e incluso su vida familiar ha mejorado, porque ahora ha disminuido bastante el número de niños que se queda al comedor». «Todo son ventajas», zanja el director del Gonzalo de Berceo.












