CARACTERÍSTICAS
La rana común y la ranita de San Antonio, el sapo común, el sapo partero, el sapillo pintojo meridional, el sapo de espuelas, el sapillo moteado común y el sapo corredor, el tritón jaspeado y el tritón moteado, según un estudio del biólogo Carlos Zaldívar, son esas diez especies con presencia segura en La Rioja. Una corta lista de la que hace escasas décadas hubo que borrar la salamandra, desaparecida por la pérdida de masas de agua.
El salto evolutivo dado hace 350 millones de años por un grupo de peces de agua dulce que decidió colonizar tierra firme condenó a sus descendientes a una tremenda fragilidad: además de aprender a respirar primero en el medio acuático y luego en el exterior, y de convertir sus aletas lobuladas en dos pares de patas andadoras, «se despojaron de escamas dejando su piel a la intemperie, lisa y humedecida por glándulas mucosas que evitan su desecación». Su gran dependencia de la humedad ambiental sólo es superada por la que siguen teniendo respecto de las masas de agua para criar.
De los sotos a las sierras
Y como el agua escasea también aquí, «la mayor diversidad de anfibios se da en las riberas del Ebro y los tramos bajos de sus afluentes en La Rioja Alta, donde en algunos enclaves están presentes todas las especies», asegura Zaldívar. «También es considerable la biodiversidad anfibia en los bosques -añade-, sobre todo de la mitad oeste. Y como es lógico, los campos de secano, las zonas esteparizadas del valle y las áreas urbanas son las que reúnen menor número de especies».
Es muy reseñable su capacidad para adaptarse a diferentes ecosistemas, muy diversos en La Rioja debido a su orografía y su combinación de influencias atlántica y mediterránea. «Siete de las diez especies -indica el biólogo- muestran gran ductilidad, y pueden encontrarse desde los 260 metros en los sotos de Alfaro hasta los 2.000 en las sierras de San Lorenzo, Urbión y Cebollera. Sólo los sapillos moteado y pintojo meridional son incapaces de superar los 1.200 metros de altitud y el sapo de espuelas los 600».
Precisamente el sapillo pintojo, del que sólo se conocen nueve localidades de cría, y el sapo de espuelas, del que se han localizado tan sólo seis, son las especies anfibias más amenazadas en La Rioja.
Declives locales como éste vienen registrándose alrededor de todo el mundo desde los ochenta. La destrucción de hábitats, las especies introducidas, los efectos derivados del cambio climático y el calentamiento global, así como las enfermedades emergentes son las causas directas. El hombre, en definitiva -quién si no-, representa su principal amenaza. Frente a él no le bastan a los anfibios las















