No alcancé a entender, ya de entrada, qué coño pintaban el COE y el tal Blanco -un hombre del judo- como corifeos de quienes, de la noche a la mañana, sintieron la urgencia de desgañitarse y desafinar al ritmo de las notas del himno español. Como si con el 'Asturias, patria querida' no tuvieran bastante. Porque, quiero pensar que tan vana urgencia surgió en plena efervescencia patriótica y a los postres de alguna pantagruélica celebración entre aromas de habano y de ron antillano.
Pero el COE, al menos su presidente, se lo tomó tan en serio que hasta argumentó la envidia que sentían los deportistas hispanos cuando veían a los de otros países partirse la garganta a los sones de sus respectivos epinicios. Como si al mismísimo Oleguer, por ejemplo, le importase un guano el énfasis de toda la selección inglesa entonando el «Good save de Queen».
Un jurado de expertos y un parado de Alcobendas hicieron el resto para intentar acabar con uno de los únicos privilegios de que disfrutamos los españoles: nuestro himno no tiene letra que nos abochorne como abochornan la mayoría de las letras de los himnos del mundo mundial.
Abortado el intento, gracias al cielo, sólo falta que al COE se le ocurra ahora convocar un concurso de danzas para que nuestros deportistas no envidien a los fornidos armarios roperos neocelandeses, los 'All black', y las famosas 'hakas' con las que acojonan al contrario antes de los partidos de rugby. Por construir, le propongo a Blanco una fusión de jota, muñeira, sardana y aurresku de honor. Multiétnica y sin cobrar. jadelrio@diariolarioja.com












