
En principio, parece que no peligra la estabilidad del Gobierno de Prodi, pero los culebrones son imprevisibles. Ayer mismo fue una montaña rusa. Mastella se consideró víctima de una «trampa mediática y judicial» y consideró que habían tomado a su esposa como «rehén».
El primer ministro, Romano Prodi, rechazó la renuncia y le pidió que siguiera en el puesto. Todas las fuerzas políticas le loaron el gesto, pues en Italia no dimite nunca nadie por nada. Mastella dijo que se lo iba a pensar y entretanto se fue a su pueblo, Ceppaloni, a hacer compañía a su mujer. A media tarde, se filtraba la noticia de que él mismo estaba siendo investigado por siete imputaciones distintas.
La operación, que llevó ayer al arresto de 23 cargos públicos, asesores y funcionarios, muchos de ellos del Udeur, el partido de Mastella, investiga favores y corruptelas políticas en el ámbito de la sanidad de Campania, la región de Nápoles y tierra natal del ministro. Entre ellos también estaba su consuegro. Según la filtración de las agencias del auto judicial, los magistrados definían a Mastella poco menos que como el cabeza de una «asociación de delincuentes», que usaban su nombre para obtener prebendas.
Clientelar y trincón
Los blogs que tienen a Mastella como blanco, del estilo 'mastellateodio.it', estaban ayer de fiesta. ¿Por qué tanta animadversión? Porque el ministro es uno de los símbolos máximos de 'la casta', el vividor de la política italiana, clientelar, chaquetero y trincón.
Su minúsculo partido personal, que apenas tiene medio millón de votos (1,4%) en sus feudos de Campania, le ha bastado para vivir hasta los 60 años, gracias al demencial sistema electoral italiano. Sus tres senadores son decisivos para la actual mayoría raspada de Prodi en esta cámara.
En 1994 vendió caro su apoyo al bando de Berlusconi. Con él fue ministro de Trabajo. Entretanto, su fantasmagórico diario de partido, 'Il Campanille', se nutre de subvenciones públicas que acaban en su bolsillo, aunque está por demostrar que jamás alguien haya comprado un ejemplar. O sirven para financiar viajes familiares, o el reparto masivo de turrones de Navidad a conocidos. En fin, uno de esos personajes folletinescos habituales en la política italiana. A Mastella se le tiene de siempre muchas ganas. Ya el pasado mes de octubre fue inscrito en el registro de investigados de la operación 'Why not', pero supo reaccionar: como ministro de Justicia ordenó el traslado del juez que instruía el caso. No se puede descartar que la investigación en curso se quede en nada, debido a la escasa fiabilidad de la Justicia italiana, pero quizá se tarde meses o años en saberlo. El caso nació el año pasado en Campania, sobre la base de grabaciones telefónicas, como siempre en Italia, y destapó favores políticos en adjudicaciones de obras y servicios públicos. Mastella habría presionado al gobernador de Campania, Antonio Bassolino, para obtener el nombramiento de un conocido en un cargo de la sanidad pública. La acusación contra su mujer es similar, por presuntas presiones al director general del hospital de Caserta.





