
«No podemos sacar una letra en contra de la opinión mayoritaria de la gente. Las críticas han sido fuertes y no era bueno seguir por este camino», reconoció el máximo dirigente del COE. Alejandro Blanco prometió, sin embargo, que no abandonará, «mientras viva», su iniciativa de que el himno nacional tenga una letra, «aunque deberá de unir más que separar». A pesar de la oposición de todos los partidos -con el Gobierno a la cabeza- a la letra ganadora, que tampoco había bien acogida por los deportistas, Alejandro Blanco negó haber recibido presiones políticas para dar marcha atrás en su idea, al igual que desmintió que Plácido Domingo se negase a estrenar el himno en la gala del COE que iba a celebrarse el 21 de enero y que ha sido suspendida. «No es verdad que Plácido no quiera cantar el himno. A él y a mí nos preocupa que esta gran idea no genere consenso ni unión, los dos requisitos que tiene que cumplir la letra», dijo Blanco. El tenor español, por su parte, declaró que para él sería «un gran honor» interpretar el himno una vez que fuese aprobado por las Cortes.
La viabilidad de este proyecto que ha quedado aparcado, al menos hasta después de los Juegos Olímpicos de Pekín, no invita sin embargo al optimismo. El próximo martes el Comité Ejecutivo del COE debatirá el futuro de la fracasada iniciativa, pero los miembros del jurado coinciden en señalar que «será muy difícil», por no decir imposible, encontrar una letra que no hiera sensibilidades ni provoque controversia política y social.
Blanco anunció que inclusoel presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, había dado su aprobación al proyecto y estaba interesado en que el COE le enviase la letra «para aprendérsela», dijo.





