
Esta vez no hubo gritos en contra de «los bancos que roban a la gente» ni tampoco gestos de euforia. Giménez Arbe eligió un amplio chaquetón con capucha para salvaguardar al máximo uno de los rostros más buscados durante años por las fuerzas de seguridad española.
Su llegada a la penitenciaría de Elvas se produjo pasadas las 12 de la mañana (hora española). Poco antes había sido trasladado a bordo de otro furgón policial un preso común que despertó el interés de los pocos medios de comunicación que se adelantaron a la jugada policial.
Los policías aseguraron posiciones en la fachada del edificio y cuando estaban controlados todos los flancos fue sacado Giménez Arbe. Vestía chaquetón de color verde y mostraba buen aspecto. «Parece más joven de lo que yo suponía», explicó un agente que lo vio de cerca. En cuestión de segundos 'el Solitario' se plantó en la escalera y al momento se perdió tras la puerta de la pequeña cárcel que existe en Elvas, un centro sin grandes medidas de seguridad en torno al cual se arremolinaban media docena de vecinos que no paraban de preguntarse qué estaba ocurriendo.












