
Para ella y para sus amigas, una de las pocas cosas positivas que ven es que «ahora no tenemos que estar pendientes del buzón de correos a final de mes, que era cuando llegaban los boletines a casa». Este fue uno de los motivos por los que se implantó este sistema debido a que muchos padres no recibían los antiguos boletines en los que mensualmente se informaba de las faltas de asistencia de sus hijos. La implantación de este método, que en Calahorra lleva instalado cuatro años, no hace que «asistamos más o menos a clase», puntualizan las jóvenes. Además opinan que lo que debería tenerse en cuenta es el resultado final de las evaluaciones porque así «se pierde esa costumbre tan sana de compartir los apuntes con los compañeros. Hay muchas veces que no asistes a clase para estudiar otra materia, especialmente en épocas de exámenes». Y es que, según los jóvenes, «por una vez la tecnología ha resultado estar en contra de nuestros intereses».
Menos relaciones
Además, ironiza una de las jóvenes, «se van a cargar nuestras relaciones sociales porque son muchas las que se hacen cuando faltas a clase». A pesar de que se considera un método fiable, muchos de los chavales, durante los primeros meses, ofrecieron sus propios números de móvil para que fuesen a éstos a donde llegasen los mensajes.
La picaresca juvenil fue atajada comprobando los móviles paternos. Aún así, los estudiantes trasvasan esta situación al terreno laboral y se preguntan: «¿Qué le parecería a nuestros padres que su jefe les pusiese un 'bicho' de estos en su oficina?».












