
Como ya publicó este diario, en el 2005, ante los primeros indicios de presencia de castores en la zona, descubiertos entre Milagro (Navarra) y Alfaro (La Rioja), la Consejería riojana de Medio Ambiente pudo localizarlos efectivamente en el río Ebro desde Agoncillo hasta Alfaro, en el Cidacos desde Arnedo hasta Calahorra, y en la desembocadura del Aragón en Milagro, en Navarra. Su población se estima en unos 18 ejemplares, asentados mayoritariamente en el Ebro.
Dispuestos a acabar discretamente con lo que consideran un serio problema (puesto que afirman que suponen una amenaza para el ecosistema y han causado daños en choperas), los gobiernos de Navarra y La Rioja presentaron el caso en junio del 2007 ante el Comité de Flora y Fauna de España, que consultó a su vez a la Comisión Europea, ya que el castor es una especie protegida por la UE. Finalmente, la Comisión aprobó su erradicación y La Rioja y Navarra pusieron en marcha un «protocolo de exterminio».
El castor europeo (
«No sabemos quién fue, pero si alguien soltó castores merece una condecoración», declaró en su día Rubbers. Ayer en Logroño insistió en que esta acción le parece «una restauración del patrimonio natural español». «El río Ebro -afirmó- tiene capacidad para acoger esta especie sin que se deriven riesgos y sí beneficios».
Por su parte, el Colectivo Ecologista Riojano (CER), que ayer hizo de anfitrión de Pays de Castors, se manifestó una vez más contrario a la suelta ilegal de ejemplares, aunque pidió a la Consejería replantear su postura. «Una vez reintroducida la especie -dijo Juan Donaire-, se debería conservar y hacer trabajos para su mantenimiento».
El CER propone que los medios económicos destinados a la erradicación se destinen precisamente a lo contrario. Los belgas, además, solicitan que se regule y se generalice la recuperación del castor, como ya están haciendo otros países.





















