El proyecto no definía la cantidad de viviendas que albergará este 'barrio verde', cuyo número dependería del número adecuado para rentabilizar los procesos ambientales que finalmente se instalasen, de forma que es previsible que rondasen las 1.200 viviendas. En cuanto al modelo de gestión, la posibilidad más razonable apuntaba a una fórmula mixta con la iniciativa privada y una participación pública ceñida a dos aspectos: reserva de un porcentaje de VPO y apoyo a los desarrollos tecnológicos requeridos en las estructuras medioambientales que se implanten.
La propuesta del Gobierno riojano subrayaba incluso qué aspectos debería atender especialmente el proyecto definitivo. Hacía hincapié en el sistema de recogida de basuras, el de potabilización y abastecimiento de agua y el sistema de riego, así como precisaba las modalidades de transporte y el uso de energías alternativas. También alertaba sobre las características que fomenten el uso racional de los recursos, incluido las condiciones bioclimáticas que deberá contemplar la edificación final: tipo de materiales empleados, comportamiento térmico del edificio y todas las características que favorezcan la eficiencia energética del conjunto. Un detallado planteamiento hoy en entredicho.












