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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

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ESFERA DE CRISTAL
Me gusta la 'Laurel'
09.01.08 -

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Me gusta la Laurel. Decidido. Y va en aumento. «Menuda novedad», pensarán muchos. Pero es que me he dado cuenta de que la movida de esta calle es la leche. Sobre todo, si se la compara con otros establecimientos hosteleros de la capital riojana.

He tardado en descubrir las bondades de la citada área de pinchos (con che, que la tx no es nuestra). Admito que me ha costado lo mío, pero finalmente me ha enamorado perdidamente. Esa lucha a brazo partido por ocupar una de las tres banquetas que caben en esos minúsculos bares; ese chorreo aceitoso que acompaña a algunos sabrosos bocaditos; ese toque agrio de la caña en cortos o del crianza en tragos... Pero (además de la compañía) especialmente, lo que más me empuja a repetir cada semana es el trato que cualquiera recibe en los antros -con cariño- que pueblan ese cogollo gastronómico.

Esta caída del guindo vino a cuento por la indignación de la que fui presa hace unos días. Reservé para cenar en un restaurante de Logroño con unas amigas. Cuál no sería nuestra sorpresa cuando tras engullir el condumio a toda prisa -nos retiraban los platos antes de terminar, incluso después de reprobar a la camarera- y pedir la cuenta, el responsable del restaurante nos repasó de arriba abajo. Tras entender -por lo visto- que un grupo de chicas jóvenes no merecen el tratamiento de clientes (pese a pagar cuarenta eurapios por cabeza por una exigua cena), insinuó que ya era hora de que ahuecáramos el ala porque según dijo «llevaba muchas horas trabajando, la hostelería es muy dura y apenas hay vida familiar». Ahí es nada. Como si fuera el único, oiga. Nuestra vehemente (por así decirlo) respuesta fue que trasladara semejante queja a su jefe y no a nosotras. Y salimos del cubículo con malas pulgas y peor estómago.

Ya en la calle, una de mis acompañantes reflexionó: «Me gusta más la 'Laurel': allí te tomas un pincho y un vino por dos euros y el buen trato es gratis...». Coincido plenamente.
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