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RSS | ed. impresa | Regístrate | 8 octubre 2008

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la película de hoy | buda explotó por vergüenza
Horror talibán
06.01.08 - 14:49 -

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Horror talibán
El punto y final a la excelente programación de cine de Actual 2008 lo rubrica una animosa y apasionada cineasta de dieciocho años llamada Hana Makhmalbaf, formada en Teherán y continuadora de una familia de tradición cinematográfica. Su tarjeta de presentación es Buda explotó por vergüenza, una modesta y bienintencionada crónica interpretada con asombrosa espontaneidad por niños sin experiencia que le valió el premio del jurado en el festival de San Sebastián.
En sí, la película narra una historia escalofriante que pone los pelos de punta. Y lo hace con una mirada compasiva y a la vez de abierta denuncia. Sus modestas imágenes, rodadas sin ningún tipo de alardes, son secas y cortantes. La escasa elaboración de la puesta en escena cobra riqueza al acercarnos con intensidad a un lugar remoto de Afganistán, montañoso, para hablarnos, con extrema acritud, de la vuelta al medievo más ruin por culpa del régimen Talibán.
Buda explotó por vergüenza es cine beligerante y combativo. Que produce horror y sonrojo al mostrar la barbarie más infame promovida por seres ¿humanos? que en defensa de ideas fundamentalistas son capaces de crear verdaderos monstruos. Más si cabe al comprobar que el legado del sistema cavernícola sea soportado por niños inocentes a los que se les inculca un retorcido desdén hacia cualquier persona ajena a su salvaje ortodoxia, genera en el espectador una manifiesta repulsa agravada por la incontestable fuerza de algunas escenas.
Hana Makhmalbaf se nutre de la mejor enseñanza documentalista, de palpable realismo y sin artificio para descollar una parábola sobre la pérdida de la inocencia siguiendo el duro vericueto de una niña que desea ir a la escuela a aprender a leer y a escribir y a escuchar los bonitos cuentos que le relata su vecino.
Su empeño y determinación es de los que nos hacen recapacitar. Su casa es una cueva y para poder asistir a clase antes deberá dejar atado a una piedra a su hermano, un bebé todavía. El dinero reservado para comprar comida es utilizado para adquirir un cuaderno. Como no le llega para un lápiz, le coge a su madre el único pintalabios que tiene. Después, en la escuela recibe un duro revés: no puede sentarse junto a su vecino, porque las niñas no se mezclan con los chicos. Y tras esto vivirá una serie de percances y vicisitudes que es mejor que los ojos del público descubran por sí solos.
La película es contagiosa; te engancha; rezuma empatía; se hace tuya y a pesar de la ingrata y árida vida que retrata no puedes apartar la mirada de la pantalla porque en el fondo deseas que la pesadilla que estás viendo sea un sueño. Piensas que semejantes atrocidades no deberían ocurrir. Pero ocurren o han pasado y el cine en su estado más puro nos da la oportunidad de tomar conciencia sobre qué sórdido y jodido es este mundo.
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