DESCRIPCIÓN
En concreto, la depresión unipolar (la más habitual), es responsable del 10,2 por ciento de los casos de discapacidad, un punto porcentual por encima del abuso del alcohol (4,7) y la degeneración cerebral y demencia (4,5) juntas.
Los síntomas que la definen son: estado de ánimo deprimido (tristeza, vacío, llanto. En niños y adolescentes, irritabilidad); disminución del interés por actividades placenteras; insomnio o hipersomnio, agitación o enlentecimiento psicomotor; fatiga o pérdida de energía; sentimientos de inutilidad o culpa; dificultad para pensar, concentrarse y tomar decisiones, y, en ocasiones, pensamientos recurrentes de muerte o suicidio.
Llegar a este estado supone un largo proceso, semejante a deslizarse por un plano inclinado, como explica el doctor López-Ibor: «La persona que empieza a notar los primeros síntomas no se da cuenta de la trampa en la que está cayendo y poco a poco le va arrastrando».
Esfuerzo personal
El resultado es «la pérdida del sentido de la vida y de la existencia», señala. Y propone a Job como prototipo de «persona que no se deprime a pesar de circunstancias muy desfavorables en las que la mayoría de nosotros habríamos sucumbido. «Lo que traduce el libro de Job es el esfuerzo de una persona para encontrarle sentido al sinsentido y al sufrimiento».
Si la prevalencia es tan alta, la pregunta inmediata es si la depresión puede prevenirse. La respuesta del doctor López-Ibor no es tajante: «Me gustaría decir que sí, pero no es fácil. Se conocen bien los mecanismo psicológicos que en este caso llevan a la depresión. Al menos en teoría se debe a una falta de adaptación a nuevas situaciones positivas o negativas. Se puede pensar que si se aprende a manejar esos cambios, se puede prevenir la depresión».
En su opinión, la clave, estará en saber por qué algunas personas que están en iguales circunstancias no lo hacen, como le ocurría a Job.





