- ¿Cómo descubrió su afición por la artesanía del metal?
- A pesar de que mi padre era carpintero, yo me decantaba por el metal, pero no lo he utilizado para trabajar. Hace unos años, en el 2000, comencé a realizar piezas en la herrería de un amigo, 'Soldaduras Hernáez'.
- Y luego llegaron las obras...
- Lo primero que hice fue un tractor, después una carretilla elevadora, motos, llaveros, pulseras, colgantes, un robot como el que llevo en la empresa... y a Fredy.
- ¿Quién es Fredy?
- (Ríe) Fredy (en la foto) es una escultura de un herrero y se llama así en honor a Fredy, un chico que trabaja en el taller donde estuve preparándolo.
- Pero, ¿tienen algo de especial sus figuras?
- Están hechas con piezas recicladas. A veces recopilo cien y de esas sólo me sirven tres. Es un trabajo laborioso. Por ejemplo, en el caso de Fredy los brazos son bielas de un camión, los ojos son piñones helicoidales, está apoyado en un arado al revés... Además, me gusta que quien vea las obras busque detalles y cada vez que las mire descubra cosas nuevas y haya incógnitas; las piezas no están puestas por azar, tienen su sentido.
- ¿Qué se requiere para ser un buen artesano?
- La base de todo es tener imaginación, ideas, paciencia, compaginar lo que quieres hacer con las piezas a las que puedes acceder y, por supuesto, ser cuidadoso al realizar la soldadura.











