Ejemplo de ello es Ciutadans en Cataluña, un soplo de aire fresco y alentador para una comunidad en la que cada vez es más patente el dramático divorcio entre los ciudadanos y la clase política tradicional.
El último proyecto, surgido con ambición de calar en el ámbito nacional, es el de Unión, Progreso y Democracia (UPyD) que la semana pasada celebró un acto de homenaje a la Carta Magna frente al Tribunal Constitucional. Aproximadamente a la misma hora en la que el presidente del Congreso, Manuel Marín, abroncaba a los partidos -entre los que, como siempre, no se encontraban los nacionalistas, salvo CiU- por una legislatura «dura y ruda».
Pues mientras estos se miraban los ombligos, UPyD puso el dedo en la llaga de todos, reclamando la recuperación del el orden constitucional, la separación de poderes y la igualdad entre todos los españoles. Porque es amargo que en España no se hable sólo de jueces, sino de jueces conservadores o progresistas, y que los más altos tribunales o la Fiscalía General del Estado sean miméticos con el Ejecutivo de turno, ajustando a demanda la interpretación de las Leyes.
De ahí, la invitación de UPyD a apuntalar valores de nuestra Constitución con las reformas legales precisas. Una idea que los partidos, ya de derechas ya de izquierdas, deberían abrazar. No lo harán. Que le convenga a España no significa que a ellos les interese.












