
Como todavía recuerdan los viguereños y la gente de la zona, la piscifactoría cerró sus puertas en el primer trimestre del 2005. En octubre de ese mismo año se puso en situación de concurso.
Los meses no han pasado en vano y eso se percibe casi desde la carretera N-111. Las hierbas crecen de forma vertical en las piscinas donde en otras épocas lo hacían las truchas. La sensación de abandono se superpone al recuerdo del lugar en el que desde particulares hasta, incluso, colegios se acercaban a ver o comprar las piezas.
Ahora, tras la protesta presentada por los ecologistas a la Confederación Hidrográfica del Ebro para suprimir la concesión de agua y la posterior respuesta negativa de la CHE a la demanda, su solución parece tener fecha de llegada. En octubre de este mismo año la administración concursal (que nombra el Juzgado a instancias de los propietarios) sacó la planta a subasta. Pero la parcela de 18.502 metros cuadrados no recibió ninguna oferta. En pocos días, el 20 de diciembre, se celebrará una nueva subasta, en la que tal como se publicaba en el BOE hace unos días, el precio de salida será de 277.500 euros. Si ésta no tuviera éxito se repetirá la operación el 10 de enero, aunque en ese caso no tendrá tarifa de salida.
Sin embargo, tal como reconoce la administración concursal «la idea es que se resuelva cuanto antes y no haya que recurrir a la última subasta», explican. Interesados parece haber, ahora hace falta que acudan al concurso. «Por el bien de la instalación y del pueblo, me gustaría que se abriese cuanto antes», concluía el propio alcalde de la localidad, Luis María Jalón.











