Una banda mermada en fuerzas y activos descerrajó el sábado dos tiros sobre el guardia civil Raúl Centeno y uno sobre Fernando Trapero. Con sólo 24 años, Raúl ha perdido la vida a la que Fernando sigue unido -al menos mientras escribo estas líneas- por un hilo demasiado fino.
A partir de ahí, los hechos se suceden: Negativa a condenar el atentado por parte de ANV, formación de la izquierda abertzale que de momento cuenta con el beneplácito de la legalidad y dispone de financiación pública para el funcionamiento ordinario de sus 437 concejales, que a muchos alienta hacia la objeción fiscal.
Los radicales lanzan argumentos peregrinos para justificar lo injustificable y califican el atentado de fortuito. Y, efectivamente, pudo ser fortuito el encuentro entre etarras y guardias en una cafetería de Capbreton, pero desde luego que no lo es que registrasen su vehículo, les esperasen fuera y disparasen a bocajarro. Sin duda, fue una acción meditada y planificada.
Los mismos abertzales responsabilizan al ministro del Interior del atentado por enviar desarmados a dos guardias civiles a Francia, «a la boca del lobo», dicen.
En el otro lado, mientras la plana mayor del PP y del PSOE -no sin antes negociar una serie de nimiedades- se pusieron de acuerdo para asistir a la concentración de ayer bajo el lema 'Por la libertad, para la derrota de ETA', Zapatero renunció a asistir, la AVT se negó y el Foro de Ermua se plantó ¿Vaya una España de locos! cnevot@diariolarioja.com











