Ni siquiera la presencia de un invitado tan ilustre como el presidente del Congreso, de máxima actualidad estos días tras su anuncio de abandonar el cargo al final de la legislatura, eclipsó su memoria. El propio Manuel Marín, cuya llegada a Logroño estuvo en el aire hasta el último instante a causa del atentado, abrió su intervención con una emotiva referencia a los agentes y un llamamiento a la unidad entre los demócratas. No hubo declaraciones ante los medios ni justificaciones personales sobre el final de su carrera política. Sólo palabras para los que ya no pueden hablar.
El mismo hincapié sobre la amenaza terrorista hizo el anfitrión, José Ignacio Ceniceros, en sus primeras palabras: «Las pistolas y las bombas han dejado muchas víctimas en nuestro país, pero lo que nunca lograrán los terroristas es insensibilizarnos al dolor y al rechazo».
Silencio
Fue el de ayer un pleno extraño, apagado, con un punto tristeza. Un minuto de silencio prologó las intervenciones oficiales en las que esta vez no hubo mensajes subrepticios ni guiños al rifirrafe político de turno. Todo fueron llamadas al consenso y a no perder de vista los auténticos enemigos del texto que ayer se homenajeaba. Hasta los himnos oficiales sonaron a réquiem.
Las circunstancias extirparon otro de los rituales que acompañan este pleno de aniversario. Por acuerdo de los grupos parlamentarios, se anuló el ágape con que culmina el pleno institucional y todos los invitados, esa 'sociedad riojana' que se hace presente en actos de este calado, abandonó el hemiciclo como llegó. En silencio.













