Ganó la txapela con su juego de siempre, de aire, sin tregua, en un partido poco ortodoxo, jugado de tacada en tacada.
La primera fue para Titín: seis-cero consiguió con su saque y remate, lo que en el tenis sería un pistolero de Wimbledon. Todo de aire, tantos rápidos, ninguna tregua al rival, rápido, rápido. Eso se dice fácil, pero para realizar este juego de remates a un dedo de la chapa hay que tener una precisión de relojero, la que siempre ha ofrecido el riojano.
Por fin, al séptimo tanto, Barriola consiguió inaugurar su marcador, y puso en práctica su juego, opuesto al del riojano: a bote, con pelotazos violentos, a metro y medio por encima de la chapa, buscando la izquierda de Titín. Con ello consiguió una tacada de tres tantos, hasta el 6-3, pero falló el saque: tres-siete.
Ahí se rompió la final: Titín volvió a sacar y se fue a un 3-15. Titín sacaba, se plantaba en el cuadro dos y medio y de ahí remataba, dominando el espacio y el tiempo del partido. Repetía las dejadas y sobre todo, ganchos, sus históricos ganchos de izquierda, que desarbolaban a Barriola.
Con el 3-15, el navarro estaba desesperado, pero no se vino abajo. Sacó la rabia y se aferró a la cancha, creyendo en la remontada. Así, consiguió primero un par de tantos y luego una tacada de nueve, que dejó un 12-16 en el marcador.
Barriola movía a Titín, que empezaba a acusar el cansancio. El riojano pidió tres descansos casi seguidos, temiendo que el mejor físico de Barriola acabara por imponerse. Pero una volea de Titín puso fin a la racha del navarro, y a partir de ahí, el riojano se recuperó y a Barriola le entraron las prisas y las angustias. Con 15-19 todavía tenía esperanzas, pero Abel falló de izquierda con el tanto ganado.
Para Titín era la oportunidad de su vida, y no la desaprovechó: tres tantos seguidos y llegó al 22 ansiado. El último, de saque, como los campeones. Al acabar, Titín, que jugaba hoy la final una semana después del fallecimiento de su padre, se deshizo en lágrimas, y con él, medio frontón