Los frutos de la naturaleza maduran antes al sur, pero las latitudes meridionales no garantizan la precocidad personal y social de los individuos, a tenor de lo que se ve en la fotografía de conjunto de los pueblos europeos. Los españoles conseguimos nuestro primer trabajo remunerado a los 19 años, ajustados al promedio continental. Los más precoces en este punto son los alemanes, daneses, fineses, portugueses y suizos, y los más rezagados son los ciudadanos de Eslovenia, Estonia y Rumania, que esperan a los 21 años.
A partir de ahí, sin embargo, empezamos a quedarnos atrás. En España los jóvenes dejan el hogar paterno a los 23 años - a la misma edad que los belgas, ambos los más remolones de Europa-, aunque los responsables de la encuesta explican que no se trata de una emancipación entendida como tal - hogar y vida independientes-, que aún es más tardía, sino más bien de una salida forzada por estudios que puede tener retorno o no. Los nórdicos, noruegos y daneses, dejan el nido a los 19 años, portugueses y polacos, entre otros, a los 22, y la gran mayoría lo hacen entre los 20 y los 21 años.
También vamos un paso por detrás en relaciones sentimentales. Vida en pareja por primera vez, a los 25, y matrimonio a los 26 años, dos años después que la media de los demás europeos. Sólo los suizos y los suecos se casan más tarde, a los 27 años, que es la edad a la que los españoles tenemos el primer hijo. La media de los veinte países estudiados es de 26 años para estrenar la maternidad/paternidad. Por lógica, el primer nieto también se hace esperar más; en España llega a los 54 años, frente a la media de 50.





