
La diversidad de La Rioja ha sido apuntada como un hándicap para la propia identidad riojana y se han planteado las diversas influencias de las regiones de alrededor en cada una de las zonas. Pero, socialmente, la identificación de sus habitantes es, y ha sido desde los periodos que podemos constatar, con La Rioja. Sin embargo, la heterogeneidad de la región nos plantea una serie de reflexiones acerca del peso y papel que cada zona desempeña en la identidad riojana. Además, una cuestión que tampoco podemos dejar de señalar es el desconocimiento mutuo que se observa en no pocas ocasiones entre los propios riojanos. Y tampoco hay que olvidar la centralidad de Logroño, que concentra más del 50% de la población de La Rioja junto con los municipios de su alrededor.
De Rioja Baja a Rioja Alta
La división más tradicional es de corte vertical, constituyendo la zona occidental de la región Rioja Baja y la oriental Rioja Alta. La línea de división se situaba en Logroño, pero el peso de la capital dio lugar a una nueva zona denominada Rioja Media, en la que se integraba Cameros con los valles del Iregua y del Leza. En la actualidad, aproximadamente casi el 60% de los riojanos viven en Rioja Media, un 25% en Rioja Baja y el 15% en Rioja Alta. Sin embargo, en el imaginario colectivo riojano, es precisamente Rioja Alta quien aporta un mayor número de elementos.
En esta zona, con los valles del Najerilla, Oja y Tirón, se localiza la zona vitivinícola por antonomasia de La Rioja. Además, cuenta con San Millán de la Cogolla y Nájera, así como con monumentos y paisajes que son los considerados como referentes de La Rioja e imagen de región, como por ejemplo la Catedral de Santo Domingo de la Calzada, municipios como Ezcaray y Briones, ermitas románicas, la Demanda y Urbión, entre otros. Incluso, el propio nombre de la región nace en esta zona y se expande al resto del territorio.
Historia y naturaleza
Los procesos históricos, sociales, económicos, culturales y políticos han condicionado que esta zona haya alcanzado esta sobrerepresentación en lo riojano. Rioja Alta fue en la Edad Media la zona por donde se expandieron los reinos cristianos hacia el este y el sur. Si en el siglo IX ya había comenzado, en el X prácticamente hasta el valle del Leza estaba en manos de los cristianos. Sin embargo, Rioja Baja seguiría bajo dominio árabe hasta el siglo XII. Los enfrentamientos entre navarros y castellanos por el control del territorio y el florecimiento de los monasterios marcarán el devenir de la Rioja Alta en ese periodo y le dotarán de gran parte de su patrimonio que ha llegado hasta nuestros días. Los acontecimientos del siglo XIX, especialmente los vinculados al desarrollo del sector vitivinícola, van a dar lugar a que una parte significativa de los grupos de poder procedan de esa zona. Finalmente, las características geográficas y paisajísticas de Rioja Alta también han alcanzado una mayor valoración que las de Rioja Baja. En este caso, es la naturaleza la que ha llevado a cabo esta distinción.
Así, Rioja Baja ha ocupado un segundo plano en el imaginario colectivo riojano. Y este hecho ha generado un discurso de agravio comparativo por parte de los propios riojabajeños, que han reclamado la puesta en valor de sus elementos y su territorio, aunque dentro de lo riojano. En la actualidad, pocos de ellos se encuentran entre los más señalados como referentes de La Rioja y su identidad. Si exceptuamos las icnitas y el patrimonio paleontológico, el resto, como por ejemplo la herencia romana de Calahorra, su catedral o la Colegiata de San Miguel de Alfaro, quedan muy relegados. Hay que tener en cuenta las características de Rioja Baja, ya que mientras que en Rioja Alta se concentran el 52,87% de los municipios riojanos, en Rioja Baja sólo están el 18,97%. Sus estructuras productivas y de propiedad en los siglos pasados no tienen nada que ver con lo que se dio en el resto de la región.
Dejamos para el final Rioja Media, que cuenta con Logroño y Cameros. Siendo una zona reciente, en comparación con las otras dos, su relevancia viene marcada en primer lugar por la centralidad de Logroño y la concentración poblacional. Este hecho sobredimensiona a la capital dentro del imaginario colectivo riojano, aunque con algunos matices relacionados con la identidad local.
Con respecto a Cameros, su patrimonio medioambiental le otorga un lugar de privilegio, especialmente en las últimas décadas, convirtiéndose esta zona curiosamente en una de las 'esencias' de la riojanidad, ya que al ser zonas de montaña, más aisladas, han podido preservar en mejor medida los elementos tradicionales, mientras que el Valle del Ebro ha estado más sujeto al contacto y el intercambio, a las influencias de las regiones de alrededor.
Tres zonas, tres ámbitos, todos ellos se consideran y sienten riojanos, pero con diferente peso en el imaginario colectivo. Mientras que Rioja Alta aparece como el gran referente simbólico y parece patrimonializar lo riojano, Rioja Media juega su papel con la capital y Cameros, Rioja Baja reclama su lugar e importancia en la identidad riojana. Pero, lo que hay que plantear es la necesidad de profundizar en el conocimiento mutuo. Existen todavía numerosos prejuicios y estereotipos en el interior de la propia Rioja entre sus zonas, los riojabajeños no son ni se sienten navarros ni aragoneses, ni los riojalteños vascos o castellanos.
Desequilibrio horizontal
El segundo corte es horizontal, entre el norte de la región que es el Valle del Ebro y el sur con la Sierra. En este caso, la mayor parte de los cursos medios de los siete ríos se consideran parte del Valle.
Si las diferencias entre Rioja Baja, Media y Alta son notables, son superiores entre la sierra y el Valle del Ebro, y el desequilibrio entre ambas es absoluto. En la actualidad, ni el 5% de los riojanos residen en el sur de la región, representando las zonas de montaña casi el 50% del territorio regional, y la práctica totalidad de la actividad económica y productiva se localiza en el norte. De nuevo, las consecuencias de los procesos históricos, económicos y políticos que se han desarrollado en la región, especialmente desde el siglo XIX, han dado lugar a este escenario. El hundimiento de la industria textil y de la ganadería, junto con los diferentes momentos de éxodo rural y de emigración, provocó la concentración de la población en el Valle del Ebro.
En la actualidad, la situación de la Sierra se ha convertido en irreversible. En sus municipios gran parte de la población está jubilada y las actividades de desarrollo que se generan están vinculadas al turismo rural y poco más, mientras que la crisis de la ganadería es estructural. Aunque los riojanos no hayan olvidado sus raíces, existe un orgullo con respecto a la localidad de origen y se sigue volviendo al pueblo, en estos momentos la Sierra está jugando un papel para La Rioja y su identidad en un plano más simbólico.
Todas las identidades colectivas han mirado a sus cumbres, a sus montañas, como lugares sagrados, donde se encuentran las raíces. Lo hicieron en el País Vasco con el baserritarra, en Cataluña con el payés, en Cantabria con el pasiego. En La Rioja asistimos a ese proceso con el serrano en general, y con el camerano en particular.
Además, la valoración y conservación del medio ambiente y del patrimonio natural alcanza en estas zonas sus mayores posibilidades. Pero, a pesar de todo esto, nos estamos acercando a la herencia cultural y social de la sierra cuando ésta se encuentra en una situación irreversible.












