Las extranjeras «deben eliminar los obstáculos existentes», continuó Loza, «conseguir mayor presencia social y más libertad para la formación y para la educación. Porque la desigualdad es la puerta de las sociedades machistas. Y esto no es admisible».
La consejera consideró imprescindible que los inmigrantes «acepten los cambios, busquen la integración y compaginen la forma de vida elegida con el respeto a esas costumbres». Y en este punto, citó el ejemplo de la comunidad gitana, que «ha sabido ajustarse convenientemente, en un trabajo de muchos años, pero que hoy es una realidad incuestionable. Un trabajo realizado a través de la formación y de la educación, dos pilares muy importantes».












