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Pero el caso es que, sea como fuere, esos 300 pueden dar envidia a quienes al final se quedaron en casa. Ellos se lo pierden, porque tiraron la oportunidad de ver a un Caja bravísimo ponerle las cosas muy duras a todo un ACB, a lo largo de un partido lleno de cosas bonitas, y decidido al final con una emoción que desmentía a diferencia de categorías.
Y eso que el duelo empezó como se esperaba: un León superior física y técnicamente dejaba al Clavijo sin respiración. El juego interior del Caja se encontraba con pívots más grandes, duros y fuertes, mientras el exterior se las veía con una defensa presionante que les hacía cometer errores sin parar. El parcial inicial (12-22) llevaba las cosas por su carril, porque además el tiro exterior no funcionaba. Y León sacaba partido de su diferencia de potencial, sobre todo en el alero, donde Yáñez (un 2.03 con una mano que asusta) hacía mucho daño.
El segundo cuarto ya fue bastante mejor, con León algo relajado y el Caja aprovechando los huecos y acercándose (29-33). Pero cinco minutos de presión leonesa se llevaron el marcador hasta los 12 de diferencia al descanso.
El tercer cuarto se pareció al segundo, en realidad. El León, algo al tran tran y sin sacar a sus jugadores más minuteros -'Tuki' Bulfoni y Thompson hicieron poco ayer-; y el Caja aguantando marea con un Johnson inspirado (9 puntos en este cuarto). La diferencia llegó a estar en 17.
Pero en el último cuarto, el Caja explotó. Desde lejos: seis triples hicieron los riojanos en el periodo decisivo. Para cuando León quiso darse cuenta, se había quedado sin diferencia (69-70 a falta de tres minutos). Un triple de Johnson empató el partido a 74 a falta de 8 segundos. Barnes hizo una falta en ataque, y Stevie tuvo un último tiro -forzado- para ganar.
Pero hubo prórroga, cinco minutos sin canastas de campo, que perdió el equipo al que le pitaron más faltas, el Caja. Una pena, pero relativa: el Clavijo dejó muestra de su bravura. No se lo pierdan la próxima vez.





