
Florentino San Pedro, un 'enamorado' de estos animales, quiere intentar perpetuar su presencia en La Rioja y para ello ha abierto una granja de burros en Murillo.
El asno, domesticado por los egipcios en el año 4000 a.C., es un animal más longevo que el caballo, pues vive entre 25 y 50 años. Tras un periodo de gestación de entre once y doce meses, la hembra pare, un año sí y otro no, un único ejemplar. Es ágil y camina seguro por lugares de difícil transito, lo que le ha convertido en un colaborador especial para el hombre a través de los siglos. Se caracteriza por su mansedumbre, su testarudez y por el especial sonido que hace al rebuznar.
Hasta hace unos años era frecuente ver cómo transitaban por muchos pueblos de La Rioja un buen numero de burros, bien trasportando carga, llevando carros o muchas veces portando a personas sobre sus lomos. Por ello, muchos riojanos aún conservan en su memoria estampas y recuerdos de experiencias con estos animales.
Es el caso también de Florentino San Pedro, natural de Arrúbal y casado con una murillense, quien ha decidido establecer una colonia de burros en la localidad del Leza.
Una aventura altruista
«Creo que esto es un síntoma de vejez, de los agradables recuerdos que siento de la época en que mi padre era tratante de ganados y como consecuencia del cariño que sentía por él y hacia su recuerdo he acometido esta aventura de la que no espero obtener mucho en lo económico, pero si en la satisfacción personal», explica.
«Comencé con cinco burras y un semental y ahora tengo en el corral madres y crías que conviven todos amigablemente. Me esperan a que les dé el pienso diario saliendo todos en manada mansamente. Los boches que paren las hembras las dedico a procrear si son hembras; si son machos los suelo regalar a algún amigo, por lo que se puede deducir que no es un negocio muy rentable», añade. Su deseo es más altruista: «Tengo la satisfacción de colaborar para que no desaparezca este animal».





