- ¿Cómo surgió la idea de comercializar una actividad de las 'de toda la vida'?
- Ya que en la zona de Cameros lo típico son los embutidos y los patés, la asistenta social de entonces, María Jesús Romero, nos unió a María (ya jubilada), a María José y a mí para crear una nueva empresa.
- ¿Es complicado salir adelante?
- Las pequeñas fábricas artesanas lo tenemos un poco difícil para entrar a competir con las grandes marcas. Normalmente lo nuestro no está en grandes superficies sino en las tiendas pequeñas o de barrio. La forma de darnos a conocer es yendo de pueblo en pueblo con ferias.
- ¿Cómo lo elaboran?
- Todo está hecho con cerdo. Contamos con seis variedades de patés (a la pimienta, al roquefort, finas hierbas, oporto, trufado y el tradicional de campaña), chorizo y salchichón. También tenemos cabeza de jabalí.
- ¿Tienen algo de especial?
- Lo especial es que está hecho por mujeres. Ahora se puede decir que la marca 'El Robledillo' está asentada después de 18 años. Hay que vivirlo.
- ¿En los patés siguen alguna receta tradicional?
- Nos basamos en una receta que venía de las abuelas. Antes en la sierra siempre se tenían cerdos; entonces, cuando se hacía la matanza, con el hígado y el tocino elaboraban patés. De hecho, nosotras en la empresa hemos puesto un pequeño museo con los utensilios que antiguamente se usaban para la matanza.
- ¿Cuál es la clave para que esté en su punto?
- Se hace a peso, ya no es como antes que era a ojo. Además, llevamos un registro sanitario; la gente tiene que saber lo que come. De hecho, hemos modificado etiquetas para mostrar que los productos no tienen gluten.












