Pues ha sido ETA. Me da igual que la sentencia lo desmienta; me da igual que los islamistas lo hayan negado siempre; me da igual que toda la teoría conspirativa se haya fundado sobre pilares tan endebles como aquella casete de la Orquesta Mondragón. Ha sido ETA. Y punto. Porque este mundo es más bonito (perdón: más entretenido) si pensamos que bajo las apariencias formales de las cosas -tan chapuceras- late un trasfondo apasionante lleno de espías, estrategias y oscuros designios. Como en la Fórmula Uno. Por eso me sé de pe a pa el
Código da Vinci
, escucho a Federico, leo a Pedro Jota y me arrobo cada vez que Acebes y Aznar siguen en sus trece, pese a toda evidencia demostrable: «Los asesinos no están en desiertos lejanos». Ya lo decían ellos. Y por eso perdieron injustamente las elecciones.
Lo malo de las teorías conspirativas es que fascinan y emboban tanto como una echadora de cartas, pero pueden llegar a ser tan peligrosas como un fanático islamista. Véase el caso de los nazis. En la Alemania de entreguerras, a todo el mundo le dio por creer que existía una conspiración universal de los judíos para hacerse con el poder en el mundo. Y muchos alemanitos de bien se creyeron a pies juntillas un panfleto (
Los protocolos de los sabios de Sión
) que resultó ser una falsificación impúdica. Por eso, entre otras cosas, se lió la que se lió y los nazis, elegidos en las urnas, pudieron implantar su régimen de terror sádico/paranoico.
Así que cuidadín con las teorías conspirativas, que las carga el diablo. Una cosa es decir que Elvis sigue vivo y tan gordito como siempre y otra maliciar en voz alta que
algo raro pasó
entre ETA, Bin Laden y Zapatero para que el angélico Rajoy perdiera el 14 M. Ojito: porque la carga de la prueba, en este caso, debe recaer en quienes sostienen que hubo conspiración. Ellos tenían que demostrarla. Y no lo han hecho.
Los jueces han hablado. Sería bueno que todos los demás callasen. PP y PSOE, sobre todo. pgarcia@diariolarioja.com