
- Ahora volver a mi plaza de maestro, con 62 años, es imposible. Pero la verdad es que nunca he perdido las ganas. Jamás hubiera pensado que desde una escuelita en la que impartía clases hace unas décadas podría haber conseguido todo lo que he hecho. Y doy gracias a Dios todos los días. Siempre he tenido ganas de luchar en este mundo difícil y complejo y además he conocido excelentes personas: concejales, alcaldes... Desde la política he acabado entrando en la vida de muchas personas y eso es lo que construye a las personas . A mí me ha construido mi relación y el contacto con la gente. A mis directores generales les digo que tienen que estar abierto a los ciudadanos, que son los que nos han puesto. Si no lo entienden a la primera, conmigo no duran ni hasta el turrón.
- ¿Ha tenido que renunciar a muchas cosas por la política?
- Mi familia ha sido la gran damnificada por la política porque yo entiendo esta profesión como un servicio. Acabo de cumplir 42 años en activo, 21 intentando mejorar la educación y otros tantos haciendo política para intentar mejorar la sociedad. Si lo he conseguido, no lo sé, pero he puesto lo mejor de mí mismo y cada día lo trato de poner. Cuando empecé, mis hijos tenían 14 y 17 años. Con el pequeño tuve mis más y menos porque no entendía que entrase en política, pero al final vencí. El gran pago que he recibido es que mis hijos han acabado entendiendo que lo que hago importa y merece la pena.
- ¿Se ve la vida diferente desde un cargo público?
- No, y ese es un error grande. Lo jodido es cuando te endiosas y crees que vienes de otra galaxia, cuando se regala el cargo a los hijos, cuando el coche oficial es como un forúnculo que te sale... Entonces algo falla.
- Da un perfil abierto, muy amable, pero muchos le tachan de ser uno de los duros en la línea programática.
- No creo. Quienes están anclados en una ideología inamovible no tienen mucho éxito ni posibilidades de triunfo. En la política deben primar las soluciones. El partido en el que aterricé en el año 1983 no se parece en nada al de ahora. Por aquel entonces yo no votaba a AP porque era un hombre de centro. Ahora podemos decir que hemos creado un partido liberal y demócrata donde los haya desde dentro.
- ¿Qué capricho le ha quitado el elegir la vida política?
- Haber estado más con la familia, porque ahora mis hijos están fuera y los hecho mucho en falta. Pero soy feliz.
- ¿Y cuál le gustaría darse?
- No soy de consumir mucho. Lo que me gustan son los coches, pero como no tengo dinero para cambiarlo, me duran ocho años (ríe). Pero los automóviles han sido una de mis pasiones, común a muchos niños de la postguerra.
- ¿Ve su futuro como un paseante con sus nietos?
- Yo, primero, haría una precisión: los abuelos de ahora se merecen un monumento. Somos una generación de postguerra que hemos vivido dificultades hasta poner este país donde está ahora, trabajando lo indecible. Y ahora, somos el baluarte con los nietos y nunca terminamos de trabajar. Respecto a lo de pasear, me gustaría mucho, pero mis nietas están lejos.












