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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

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Argentina y Uruguay avivan la crisis de la papelera en la Cumbre Iberoamericana
Kirchner pide disculpas al Rey de España por la tensión generada tras la intervención de Vázquez y le agradece la mediación en el conflicto

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Argentina y Uruguay avivan la crisis de la papelera en la Cumbre Iberoamericana
Don Juan Carlos, en el centro de la primera fila, junto a los gobernantes que participan en la XVII Cumbre Iberoamericana. / P. WHITAKER-REUTERS
«Estuviste muy mal. Le diste una puñalada al pueblo argentino», le dijo enojado el presidente Néstor Kirchner a su colega de Uruguay, Tabaré Vázquez que horas antes había autorizado la puesta en marcha de una polémica fábrica de pasta de celulosa del lado uruguayo de un río cuya soberanía comparte con Argentina. Fue uno de los momentos de mayor tensión en la XVII Cumbre Iberoamericana en Santiago de Chile, una cita que está prácticamente dominada por el conflicto que arrastran ambos países desde hace cuatro años. La gestión del Rey Juan Carlos, que había intentado facilitar el diálogo, fracasó así de manera estrepitosa.

La declamada hermandad entre los países de Latinoamérica con España y Portugal se dio de bruces con la realidad. La larga crisis entre Argentina y Uruguay escaló a un punto casi sin retorno y lo hizo en el escenario menos sospechado: la reunión cumbre que convoca a todos al diálogo y el acuerdo. El conflicto comenzó hace cuatro años cuando la empresa finlandesa Botnia y la española Ence acordaron con Uruguay instalar sendas plantas de pasta de celulosa sobre el río del mismo nombre, que separa a ambos países, sin el aval de Argentina que teme que el proceso resulte contaminante para el agua, el aire y el suelo.

Ence aceptó trasladar la planta, Pero Botnia, que insiste en que su producción no contaminará, siguió adelante, y Argentina reclamó entonces ante el Tribunal Internacional de La Haya, que deberá resolver si la instalación violó o no el tratado bilateral en torno al río. A pesar de que el tribunal aún no se pronunció, Uruguay alentó a Botnia a seguir y se sabía que la puesta en marcha era inminente pero nadie esperaba que ocurra en plena cumbre y luego de un discurso tan amistoso del presidente uruguayo.

Abrazo a Kirchner

Tras pedir a Argentina «que el río no nos separe», Vázquez se dirigió hasta donde estaba Kirchner y lo abrazó delante de todos. Fue después del último intento del embajador español Juan Antonio Yañez, enviado del Rey, y del jefe de la diplomacia española Miguel Ángel Moratinos, por acercar a las partes.

Kirchner reaccionó desconfiado con razón. No era la primera vez que el uruguayo se mostraba amistoso en público e intransigente en privado. Un rato después Vázquez firmó la autorización para el arranque de la fábrica que producirá un millón de toneladas al año para exportar a Asía y a la Unión Europea.

Las reacciones de Argentina y España pasaron de la sorpresa a la indignación. Según la delegación argentina el Rey no podía entender la actitud de Vázquez y pedía explicaciones que no encontraba. La intervención de Yañez quedó casi en ridículo. Ni siquiera se esperó al lunes. La chimenea de Botnia comenzó a echar humo negro. «La relación entre Argentina y Uruguay quedó muy dañada», anunció el jefe de Gabinete de Argentina, Alberto Fernández, quien admitió que Uruguay tiene soberanía para decidir que hacer en su país pero dijo que en la cita de ministros se habló de que Botnia comenzaría a operar la semana próxima. «Esto no es digno de un país hermano», dijo.

Néstor Kirchner, que en principio no pensaba referirse al tema bilateral en su discurso, le respondió a Vázquez desde el estrado. El argentino, que termina su mandato el 10 de diciembre y será sucedido por su esposa, Cristina Fernández, agradeció al Rey Juan Carlos, al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y al ministro de Exteriores, al tiempo que les pidió disculpas por el desenlace.
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