CD LOGROÑÉS 1 - 1 PONFERRADINA
Héroe, por cierto, como se comporta a veces todo el Logroñés en Las Gaunas. Porque le secuestran a la chica, hace sufrir al público para rescatarla y la salva al final. Ayer herida, porque fue un empate, pero fue ante el líder. El más malo de los malos. El más temido por todos los campos.
El partido arrancó con la lucha de dos titanes, cuerpo a cuerpo, luchando por el dominio de la situación. La pelota, el objeto de deseo, pasó de uno a otro sin distinción. Dejándose querer por ambos. Poniéndolos celosos. Parecía como si los contendientes estuvieran midiéndose. Te pego un leve puñetazo en el rostro, pero me protejo de inmediato. Como el boxeador que reconoce la igualdad sobre el cuadrilátero.
Y de tanto medirse, comenzaron a aburrir. El partido estaba en esa fase insulsa, lenta, llegando el atardecer pausado en Las Gaunas. Sin embargo, el heroico Logroñés recibió un golpe en su talón de aquiles, un clásico de los héroes. Quedó tocado. Jaume perdió un balón en la medular, que cayó a pies de Marco. Éste vio adelantado a Stef y golpeó. El portero rumano tuvo que desplazar en carrera sus 196 centímetros de altura. Demasiado. La pelota se coló.
Así que el Logroñés quedaba tocado. Con una herida en el costado, por la que podría irse su vida. O no. Porque aún quedaba el paso por vestuarios. El lugar ideal para cambiar el traje y calzarse la capa. Echar a volar. Salvar a la chica.
Iván como conductor
El cambio de indumentaria fue patente sobre todo en Iván Díaz. En la segunda mitad, el catalán volvió a mover al equipo, y el partido, a su son. Hasta que los hombres de la Ponferradina comenzaron a hartarse. E Iván tuvo que protegerse de los golpes, los disparos de los malos. Por suerte, tan sólo leves rasguños en el traje.
Santamaría, consciente de su importancia en el equipo, también trató de tirar del equipo, de echárselo a la espalda. Y no se le puede reprochar nada al malagueño, muy sacrificado, pero no tuvo suerte en el uno contra uno.
Así que el Logroñés estaba dispuesto a comerse el partido. A ir a por él de cara. Con el romanticismo de un suicida que está dispuesto a dar la vida por salvar a su amada. Como un héroe, decíamos. Pero la Ponferradina había encontrado en su defensa la particular criptonita con la que defenderse de las embestidas. Los bercianos estuvieron ayer intratables atrás. Forrados con una infranqueable armadura. Y sólo se atisbaba una forma de penetrar en la fortaleza: a balón parado.
Setién había dado entrada a Candelas en la segunda parte, en sustitución de José, que sigue desconocido, inmerso en una particular versión B que no le favorece. En el minuto 85, Santamaría lanzó una falta a la escuadra. El meta Cabrero, en plan hombre araña, llegó hasta el balón y lo desvió a saque de esquina. Iván Díaz colgó el balón, alguien lo rechazó y Candelas le pegó al borde del área con la fuerza y calidad digna de tal batalla. La chica, herida, casi en los brazos del Logroñés.
Tan sólo había que matar al malvado, darle el último golpe. Candelas no se lo pensó y, cuando el tiempo llegaba a su fin, disparó de nuevo, esta vez con la zurda. El palo, maldito palo, repelió el cuero. Empate. No hubo tiempo para más. El malo salió vivo.








