Les voy a plantear una pregunta y quiero que hagan examen de conciencia para responder. Pónganse la mano en el corazón y sean sinceros: ¿Cuántos de ustedes saben conducir correctamente por una rotonda? Adivino que muchos habrán respondido sobradamente: «Yo sí, pero la gran mayoría no». No son los únicos. En una ciudad como Logroño, en la que en los últimos años las rotondas han proliferado como setas en otoño, cuesta recordar aquellas lejanas indicaciones que el furibundo profesor de autoescuela daba para semejantes laberintos. Y es entonces cuando surgen las cábalas 'in situ': ¿Cómo se hacía cuando ibas a la izquierda? ¿Por dentro o por fuera? ¿Y cuándo doy el intermitente? ¿Y cuándo cambio de carril? ¿A qué velocidad? ¿En qué marcha...?
La determinación de cualquier persona sensata es no complicarse la vida. Lo que en riojano se traduce en «p'alante y fuera». Así, muchos prefieren pensar que el triángulo invertido del 'Ceda el paso' realmente significa 'Tira ahora, rápido y sin mirar'. U optan por ir por el carril exterior pese a hacer un cambio completo de sentido... y que los demás se joroben. O recurren a no usar el intermitente en ningún momento para evitar dudas.
Y para más
inri
, las grandes cabezas pensantes se retan unos a otros en 'el más difícil todavía'. Como ejemplo, un botón. Les invito a que visiten la 'renovada' rotonda de Chile. A algún lumbrera se le ocurrió que para que los embotellamientos no saturasen la entrada de Logroño había que dividir el acceso de la rotonda en tres filas en lugar de las dos que había. Así la cola parece menor. Eso sí, con sólo dos carriles en el interior. Y, ¿eso cómo se come? A ver quién es el valiente que se sitúa en el centro. Quiero verlo.
Y como nadie se aclara con la opción correcta, luego llegan los pobres noveles -con la lección correcta recién aprendida- y allá que se lanzan a la aventura. Hasta que ven cuál es la tendencia del resto: sálvese quien pueda.