- ¿Se puede decir que uno nunca se jubila cuando es sacerdote?
- Te jubilas de un trabajo que en concreto es el de ser párroco de San Andrés porque ya tengo los 76 años, pero nunca te jubilas como persona, ni como sacerdote ni como cristiano.
- ¿Cómo va a ser su vida a partir de ahora?
- Pues realmente no lo sé. Nunca me he planteado el futuro. Se supone que llevo unos días jubilado y hoy ya estoy a primera hora de la mañana en San Andrés intentando ayudar dentro de mis posibilidades al nuevo párroco.
- Desde que se ordenó hasta que recayó de nuevo en Calahorra pasaron casi 40 años, ¿cómo vivió esa experiencia fuera de su localidad de nacimiento?
- Los 36 años en Lardero fueron importantes. Me tocó vivir etapas muy distintas. Recuerdo que los trabajadores bajaban a Logroño andando, luego llegó el autobús que dio vida a la ciudad. Además allí trabajé mucho con la gente joven en cuestiones deportivas.
- ¿Qué cambios sufrió Calahorra durante esos casi 40 años que no vivió aquí?
- Era otra ciudad muy distinta. Antes la gente era pobre, sencilla y muy trabajadora, tenía una gran confianza en Dios y en los santos. Recuerdo que a las doce tocaba el Ángelus en Santiago y la gente dejaba de trabajar. También recuerdo el sonido de la sirena de la azucarera. La agricultura era de borriquilla y la gente vivía de lo que recogía en el campo. El instituto era muy selectivo. Yo tuve la suerte de que mi madre aunque pobre era cabezota y se empeñó en que los dos hermanos estudiásemos.





















