En el número correspondiente al mes de septiembre de la revista de información ambiental que edita el Gobierno de La Rioja, se dedican 6 páginas al estudio de la reducción de mortalidad de las aves en los tendidos eléctricos. En dicho estudio aparece un censo con las 121 aves, clasificadas en 17 especies diferentes, de las que se tiene noticia que han perecido en nuestras instalaciones eléctricas a lo largo del último quinquenio, bien por electrocución, bien por colisión, detalle del que también se tiene exacto conocimiento. Igualmente se informa de los 63 tendidos que, para tratar de prevenir este problema, han sido intervenidos y corregidos gracias a un acuerdo entre el Gobierno e Iberdrola. Parece ser que, para evitar colisiones, los salvapájaros constituyen la opción más utilizada en nuestra comunidad.
Todo esto está muy bien, pero cabría recordar que vivimos en un país en el que se producen más de 11 abortos cada hora o, lo que es lo mismo, 97.000 abortos al año. Me pregunto si no sería deseable que las autoridades pertinentes dedicaran, al menos, los mismos esfuerzos para prevenir estas situaciones dramáticas que afectan a personas de carne y hueso. Al fin y al cabo, tanto los padres como la criatura liquidada no pertenecen a una especie en extinción, como sucede con buena parte de las aves que mueren por electrocución, pero quizás sean portadores de valores y vivencias algo más valiosas que las de estas aves.
José Marcía García