CD LOGROÑÉS 2 - PALENCIA 1
A los entrenadores no les gusta personificar las victorias en un solo hombre. Es injusto, dicen. Pero igual de injusto es a veces no hacerlo. Es cierto que el Logroñés ganó ayer con once jugadores, pero Santamaría fue importante por encima del resto. No sólo por el gol, sino por toda su labor atrás y su enorme peligro arriba.
Así, a los siete minutos, Iván Díaz recibió en el centro del campo. Y a todos nos recorrió esa sensación de incertidumbre, de adivinar por dónde saldría el catalán. Escondido a ojos de cualquier jugador vulgar, Santamaría arrancó al filo del fuera de juego en el extremo derecho. Pero Iván Díaz es un jugador exquisito, no un cualquiera, y dio un pase genial. El malagueño esquivó con clase al portero y marcó.
El Logroñés se ponía por delante, pero se fue yendo hacia atrás. Fue renunciando a su juego, a su estilo y cometió errores durante buena parte de la primera mitad. Tuvo la fortuna de que el Palencia no llegó con claridad.
En la segunda parte, el Logroñés continuó igual de impreciso. A este equipo debería patrocinarle una conocida marca de bebida revitalizante por su incesante empeño en dar alas a los rivales.
El empate
Por el ala izquierda llegó en el 64 Calvillo, que volvió loca a la defensa blanquirroja aunque más tarde se volvería loco él mismo tras terminar expulsado. El zurdo palentino pasó a Asensio, que entraba por el otro costado del área de Stef. Habría que comprobar si, en ese momento, alguien sintonizó la Fórmula 1 en el loco marcador de Las Gaunas -que ayer se empeñó en que jugaba el Logroñés CF y no el CD Logroñés-, porque la defensa local, distraída, se quedó mirando cómo Asensio remataba y empataba.
El Logroñés recibía el merecido castigo a su desidia, a su imprecisión, a la traición a un estilo, el ofensivo, que Las Gaunas reclamaba. Y Setién atendió la exigencia. Dio entrada a Candelas y Tomi, para retirar a José, inconexo ayer, y Omar. Curioso el caso del riojano, tan imprescindible en otra época como intrascendente en la actual. No mejoró sustancialmente el panorama, pero sí parecía haber más peligro, con Cyril caído en una banda y, sobre todo, Santamaría en la otra.
Porque era el partido del extremo malagueño. Su enorme capacidad de desborde creó peligro en la misma medida que su despliegue en defensa benefició a Campos, que ahora sube la banda como una moto. Alfonso del Barrio, harto de que Santamaría volviera loco al riojano Corral, había dado entrada a Serrano. El lateral sólo encontró un modo de tapar al blanquirrojo: a patadas.
Sin embargo, Santamaría atesora una doble virtud. Es extremo, pero, al mismo tiempo, es delantero centro y tiene un gran olfato de gol. Así, cuando vio que Machote arrancaba por la izquierda con fuerza, se fue metiendo hacia el segundo palo. Y allí remató de cabeza el buen centro del lateral maño. Dos cero. Dos tantos de Santamaría que dejan al Logroñés a tres puntos del cuarto clasificado. Toca soñar.








