REGIÓN
Un sueño roto
El ecuatoriano Ramiro Puente se siente «decepcionado» porque la nacionalidad no le ha abierto puertas laborales
19.10.07 -

EL LUGAR. Los extranjeros juran la Constitución en el Palacio de Justicia. / ENRIQUE DEL RÍO
A Ramiro Puente le cuesta encontrar una ventaja de ser español. Tras meditar su respuesta durante unos segundos, afirma: «Ninguna, no he encontrado ninguna ventaja, lo siento». Hace tres años, Puente, originario de Quito, consiguió su pasaporte. «Llevaba viviendo cinco años en La Rioja y no fue un proceso difícil». Según explica, la burocracia fue el mayor problema: «Me encontré con que tenía algunos papeles en Pamplona y otros en Logroño». Pero cumpliendo los requisitos y los plazos preceptivos, Puente se convirtió en un nuevo español sin perder la nacionalidad ecuatoriana y cumplió el primero de sus sueños.
Un sueño que, sin embargo, se ha ido rompiendo en pedazos poco a poco por la falta de oportunidades laborales. «No me arrepiento, pero estoy muy decepcionado. Creí que la nacionalidad española me iba a abrir las puertas del mundo del trabajo», cuenta. Licenciado en Márketing en Ecuador, no ha podido ejercer nunca su profesión en España. «Pensé que con mis papeles y mis estudios, mi vida sería más fácil. Pero me equivoqué», agrega.
Antes y también después de conseguir el pasaporte español, Puente ha ocupado puestos poco cualificados. «Son empleos que no me gustan», se lamenta. Por eso, los otros beneficios de la nacionalidad quedan en un segundo plano. «Por supuesto que estoy interesado en votar y quiero participar en la vida pública de La Rioja y de España, pero creo que en estos momentos, mis problemas prioritarios son otros», indica el joven ecuatoriano. Y el futuro aún le queda demasiado lejos. «No quiero pensar en ello, pero soy pesimista. Luché por la nacionalidad, por ser un español más, pero no me ha ido como esperaba», concluye Puente.
Un sueño que, sin embargo, se ha ido rompiendo en pedazos poco a poco por la falta de oportunidades laborales. «No me arrepiento, pero estoy muy decepcionado. Creí que la nacionalidad española me iba a abrir las puertas del mundo del trabajo», cuenta. Licenciado en Márketing en Ecuador, no ha podido ejercer nunca su profesión en España. «Pensé que con mis papeles y mis estudios, mi vida sería más fácil. Pero me equivoqué», agrega.
Antes y también después de conseguir el pasaporte español, Puente ha ocupado puestos poco cualificados. «Son empleos que no me gustan», se lamenta. Por eso, los otros beneficios de la nacionalidad quedan en un segundo plano. «Por supuesto que estoy interesado en votar y quiero participar en la vida pública de La Rioja y de España, pero creo que en estos momentos, mis problemas prioritarios son otros», indica el joven ecuatoriano. Y el futuro aún le queda demasiado lejos. «No quiero pensar en ello, pero soy pesimista. Luché por la nacionalidad, por ser un español más, pero no me ha ido como esperaba», concluye Puente.













