LA SENTENCIA
Los amigos y familiares del encarcelado han redactado un escrito en el que relatan los pormenores de la relación de Gil con su mujer. «Si bien en un principio la opinión pública estuvo muy dividida al tratarse de unas acusaciones que tantos titulares con desenlaces funestos vienen ocupando en este país [...] la opinión popular ha dado un giro de 180º tras ir contrastando informaciones», reza el escrito.
En él se cuenta también que los vecinos de la casa donde residía la pareja «oían a menudo fuertes gritos e insultos («hijo de p..., cabr..., desgraciado, más que desgraciado») siempre de la mujer hacia el marido». «La mujer, de forma sistemática, socavó la autoestima del marido», continúan. En cambio, Gil «se desvelaba para que la esposa se forjara un futuro por sí misma con la creación de su propia empresa», agrega el escrito. Los vecinos tampoco entienden cómo la mujer pudo declarar en el juicio que el acusado era una persona «extremadamente violenta». «Los que le conocemos nunca le hemos visto así», rechazan.
«En este caso, las cosas no son como parecen», subraya el alcalde de Ausejo, Rafael Fernández (PSOE), que apoya a Gil. «Hasta que conoció a esta mujer, él había sido un buen padre de familia y nunca tuvo problemas con nadie. La gente del pueblo se ha involucrado porque él no se merecía algo así». «Ni él es tan malo ni ella es tan buena», destaca Fernández, que sin embargo, no niega que haya podido haber «situaciones extremas». «Pero creemos que la sentencia es injusta», indica.
No es de la misma opinión Fernando de Madariaga, abogado de la víctima. «La sentencia es muy clara porque el asunto era muy serio», recuerda De Madariaga. «La Guardia Civil realizó una exhaustiva investigación y, durante el procedimiento, se acreditaron situaciones de peligro para la mujer», expresa; «la juez condenó al acusado, que tenía antecedentes por maltrato a la misma mujer, a cinco años de cárcel, porque está muy segura de lo que ocurrió».
Fernando de Madariaga afirma que los maltratadores «pueden ser excelentes personas fuera de casa pero lo contrario dentro de ella». Además, rechaza que la mujer estuviera interesada en los bienes materiales del marido, como aseguran los ausejanos. «Durante dos años, ella le mantuvo a él. Sólo tenía la casa y el coche. Y ella pagaba la hipoteca», relata.
Los vecinos de Ausejo critican también que sus testimonios durante el juicio no fueran tomados en cuenta. «La juez valoró la credibilidad de los testigos, y en muchos casos existían contradicciones o directamente mentiras», concluye De Madariaga.













