
-¿Le penó no jugar la final?
-Hombre, claro que me hubiera gustado jugarla, pero me doy por satisfecho y más por mi edad.
-¿Y eso?
-Porque era el más joven. Aún soy sub-21.
-¿Y qué tal le trataron?
-Estupendamente, pero no sólo entre nosotros, sino con el resto de países, ya que compartíamos hotel.
-¿Cuándo les avisaba el seleccionador (Inocencio Azpiroz) de si iban a jugar o no?
-La noche anterior a los partidos.
-Y cuando le dijo que iba a jugar contra México, ¿qué sintió?
-Respeto y responsabilidad, pero luego, cuando te ves en el frontón, calentando, pues me tranquilicé, me vi como siempre, en un terreno conocido.
-¿Cómo es el frontón del Valle de Hebrón?
-Bueno. El suelo está pintado, pero tiene una respuesta noble.
-¿Con qué material jugaron?
-Tres pelotas de Punpa.
-¿Hubo elección previa?
-No, la organización te daba esas tres y a jugar.
-¿Eran iguales?
-No, había de todo. Una más rápida, normal y lenta.
-Comentó que los mexicanos (Serralde/Santamaría) le pusieron en aprietos.
-El zaguero ha sido campeón del mundo de trinquete tres o cuatro veces y salieron a por todas. Se nos pusieron adelante 5-2, pero nos armamos de paciencia y al final los superamos.
-¿Y Estados Unidos?
-Fue bastante cómodo. Eran los más débiles.
-¿Se confió?
-No, en ningún momento. Vas a por ellos desde el principio.
-¿Le dio por intentar alguna floritura viéndose acomodado en el tanteo?
-No, qué va. La orden era sopapo fuerte y sin contemplaciones.
-Y luego las medallas, ese instante tiene que ser la pera, ¿no?
- Sí, es muy emocionante, cuando estás arriba te sientes muy bien.
-Todo el verano midiendo dónde jugaba, reservándose. ¿Ha merecido la pena?
-Sin duda. Es verdad que renuncias a ganarte un dinerillo jugando en las fiestas de los pueblos, pero al final vale la pena. En todo el verano habré jugado tres o cuatro partidos. Me he pasado el tiempo entrenándome dos veces por semana en Pamplona.
-El caso es que usted entró en la primera llamada del seleccionador y ha aguantado hasta el final.
-Sí, empezamos unos trece o catorce, y a mí me siguieron llamando y a otros, no. Yo veía que no lo hacía mal, pero como la decisión de seguir no dependía de mí, pues nunca sabes. Poco a poco iban cayendo otros hasta que al final sí me veía en el equipo.
-Es una manera de ganarse un puesto para futuras convocatorias.
-Sin ir más lejos, el Mundial sub-22 de Argentina el año que viene. Ya me han dicho que cuentan conmigo... para ser precisos, para empezar el trabajo, claro.
-¿Con qué recuerdo llega de Barcelona?
-Con la camaradería. Te metes tanto en tu parcela, que es la mano, que apenas ves otras modalidades, pero con la convivencia y el día a día sufríamos con los compañeros. Recuerdo la final de pala corta. Perdíamos 38-32 y al final ganamos 40-38. Saltamos todos a la cancha a abrazarnos juntos y ellos igual con nosotros.
-¿Qué ha comprado por allí?
-(Ríe). Nos llevaban un día a ver el Camp Nou, pero mira, es que yo soy del Madrid y preferí irme a Montjuic con otro y allí me compré la camiseta de Tamudo.
-El caso es que, acercándonos un poco al terreno, a usted todavía las empresas no le han dado un toquecito.
-Bueno, yo sigo pensando en mis entrenamientos y ahora en hacerlo bien en el Torneo del Diario Vasco.





