
Probablemente, el pueblo saharaui ha sido uno de los peores tratados por la Historia. Dependientes de España hasta 1975, ese año, Marruecos ocupó su territorio. Desde entonces, sólo la solidaridad internacional ha permitido sobrevivir a los saharauis en el exilio argelino, con Tinduf como capital. «Vivimos en uno de los lugares más inhóspitos del mundo, el desierto de Argelia, donde la escasez de los bienes más básicos es permanente», recuerda Salic Caid. Además, relata el responsable saharaui, «la influencia francesa, un país tradicionalmente pro-marroquí, ha hecho que la Unión Europea reduzca sus ayudas al Sáhara. Por suerte, la cooperación española ha compensado este vacío», señala Ahmed Salic Caid.
El futuro del Sáhara continúa siendo una incógnita. Los representantes de la República quieren darle «una oportunidad a la paz», pero exigen a Marruecos que cumplan los acuerdos de la ONU, es decir, que respete el derecho a la autodeterminación. «Los marroquíes están dilatando la situación para no convocar el referéndum», afirma el responsable de la entidad en La Rioja.
Mientras tanto, cunde el desánimo entre los exiliados. «La represión marroquí es feroz y nuestra juventud nos quiere empujar hacia posturas más extremistas», subraya Salic. De hecho, dentro del Sáhara, aumentan las voces que piden que el Polisario vuelva a las armas para defenderse. «Pero nuestro pueblo ha sido abierto y tolerante y no hay lugar al extremismo», asevera. Por ejemplo, el papel de la mujer, mucho más activo que en otras sociedades islámicas, demuestra que los saharauis quieren pensar en el futuro. «Pero tiene que haber una solución pronto para nuestro problema porque no podemos continuar así durante mucho más tiempo», certifica Salic.











