VITALINO NAFRÍA
«A los 15 años empecé en el Banco de Vizcaya de botones con uniforme azul»
07.10.07 -

Vitalino Nafría podría encajar en el perfil de una época, la postguerra española: hijo de emigrantes riojanos al País Vasco, trabajador desde la infancia y con enormes ganas de mostrar sus capacidades. Sin embargo, este autoleño consiguió alcanzar buena parte de sus sueños mediante el esfuerzo personal y, según sus palabras, con un poco de «buena suerte».
«La fortuna juega mucho y yo me encontré en un sector, la banca, en el momento preciso con muchos cambios por hacer», explica con humildad.
Su infancia fue la del emigrante: «Mis padres se marcharon de Autol cuando yo tenía tres o cuatro años. Buscaban lo de todos: un trabajo y una vida mejor», asegura. El destino les llevó a Bilbao, donde Vitalino desarrolló toda su educación.
Con 15 años, comenzó su carrera en el antiguo Banco de Vizcaya. «Empecé con un uniforme azul y unas insignias en las que se leía 'Banco de Vizcaya'. Era mi primer trabajo, como botones de la Oficina Central, en la Gran Vía de Bilbao», prosigue.
«En el año 1965 era bastante habitual que las carreras se empezaran desde muy abajo. A partir de ahí, se podía hacer carrera dependiendo de los méritos y el interés. Existía esa meritocracia. Además, permanecer fiel a la empresa se percibía como un valor añadido, algo que ahora no sucede», comenta Nafría. En esa época, todavía podía compatibilizar sus primeros devaneos laborales con sus visitas estivales al pueblo. «Mis padres y yo seguimos viniendo cada vez que podemos», explica. El trabajo no fue óbice para que Vitalino estudiase en Deusto y demostrase su valía en la rama de Ciencias Económicas, su verdadera pasión. El crecimiento ha sido imparable, pasando por todos los escalones del Banco de Vizcaya y el actual BBVA.
Tras 40 años de dedicación al banco, que le llevaron a ser el tercero de a bordo de unos de los gigantes bancarios mundiales, Vitalino ha recibido este año la prejubilación de la primera línea de actuaciones en el BBVA, aunque sigue perteneciendo al Consejo de Administración de Bancomer (México) y ocupa la vicepresidencia de Telefónica, compañía de la que es consejero en representación del BBVA.
«Ha sido una suerte entrar en un sector tan dinámico que me ha permitido, además de ver mundo, contemplar desde una atalaya privilegiada el desarrollo de España, tanto en el sector comercial como en la industria y en las personas», prosigue.
Pero, además de tiempo para los negocios, Vitalino habla orgulloso de Nati, su mujer, que ha vivido con él tanto los momentos de éxito como los de flaqueza, y de toda su familia. Su apoyo ha sido parte importante del desarrollo personal y profesional de un hombre que, incluso en ese estado de prejubilación, prefiere seguir en activo, poniendo su experiencia al servicio de Riberebro para ayudar a crecer a su pueblo.
«La fortuna juega mucho y yo me encontré en un sector, la banca, en el momento preciso con muchos cambios por hacer», explica con humildad.
Su infancia fue la del emigrante: «Mis padres se marcharon de Autol cuando yo tenía tres o cuatro años. Buscaban lo de todos: un trabajo y una vida mejor», asegura. El destino les llevó a Bilbao, donde Vitalino desarrolló toda su educación.
Con 15 años, comenzó su carrera en el antiguo Banco de Vizcaya. «Empecé con un uniforme azul y unas insignias en las que se leía 'Banco de Vizcaya'. Era mi primer trabajo, como botones de la Oficina Central, en la Gran Vía de Bilbao», prosigue.
«En el año 1965 era bastante habitual que las carreras se empezaran desde muy abajo. A partir de ahí, se podía hacer carrera dependiendo de los méritos y el interés. Existía esa meritocracia. Además, permanecer fiel a la empresa se percibía como un valor añadido, algo que ahora no sucede», comenta Nafría. En esa época, todavía podía compatibilizar sus primeros devaneos laborales con sus visitas estivales al pueblo. «Mis padres y yo seguimos viniendo cada vez que podemos», explica. El trabajo no fue óbice para que Vitalino estudiase en Deusto y demostrase su valía en la rama de Ciencias Económicas, su verdadera pasión. El crecimiento ha sido imparable, pasando por todos los escalones del Banco de Vizcaya y el actual BBVA.
Tras 40 años de dedicación al banco, que le llevaron a ser el tercero de a bordo de unos de los gigantes bancarios mundiales, Vitalino ha recibido este año la prejubilación de la primera línea de actuaciones en el BBVA, aunque sigue perteneciendo al Consejo de Administración de Bancomer (México) y ocupa la vicepresidencia de Telefónica, compañía de la que es consejero en representación del BBVA.
«Ha sido una suerte entrar en un sector tan dinámico que me ha permitido, además de ver mundo, contemplar desde una atalaya privilegiada el desarrollo de España, tanto en el sector comercial como en la industria y en las personas», prosigue.
Pero, además de tiempo para los negocios, Vitalino habla orgulloso de Nati, su mujer, que ha vivido con él tanto los momentos de éxito como los de flaqueza, y de toda su familia. Su apoyo ha sido parte importante del desarrollo personal y profesional de un hombre que, incluso en ese estado de prejubilación, prefiere seguir en activo, poniendo su experiencia al servicio de Riberebro para ayudar a crecer a su pueblo.











