REGIÓN
El obispo admite que la Iglesia no sabe cómo conectar con los jóvenes riojanos
Omella invita en su pastoral a promover los valores familiares
06.10.07 -

Monseñor Omella. /J. HERREROS
«Los jóvenes no son malos, de ninguna manera podemos pensar eso, pero andan como las ovejas sin pastor y rodeados de muchos lobos». Esta opinión el obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, monseñor Juan José Omella Omella, se contiene en una una carta pastoral, dirigida a todos los presbíteros de la Iglesia Diocesana. Bajo el título 'Seréis mis testigos', Omella se dirige al Clero riojano y aborda, en particular, el mundo juvenil. «Somos conscientes de que no sabemos muy bien cómo conectar y actuar con los jóvenes», admite.
El obispo advierte a la comunidad religiosa de que el «gran reto» de la diócesis consiste en que los jóvenes «se abran al mensaje de Jesús». «Ese reconocimiento no debería llevarnos a culpabilizarnos ni a culpabilizar a los demás de los fracasos cosechados en este sector de la pastoral parroquial y diocesana», subraya. Omella invita a los religiosos riojanos a acercarse a la juventud «con mirada positiva y esperanzada» y, entre llamamientos a promover los valores familiares, anima también a observar «con creciente simpatía y misericordia» a los adolescentes. «En ellos», recuerda, «se dan fuertes contrastes: por una parte, están vitalmente inclinados a romper con lo establecido y buscar lo nuevo pero al mismo tiempo, su débil voluntad les hace más indefensos para acoger las propuestas de lo fácil e inmediato».
El obispo advierte a la comunidad religiosa de que el «gran reto» de la diócesis consiste en que los jóvenes «se abran al mensaje de Jesús». «Ese reconocimiento no debería llevarnos a culpabilizarnos ni a culpabilizar a los demás de los fracasos cosechados en este sector de la pastoral parroquial y diocesana», subraya. Omella invita a los religiosos riojanos a acercarse a la juventud «con mirada positiva y esperanzada» y, entre llamamientos a promover los valores familiares, anima también a observar «con creciente simpatía y misericordia» a los adolescentes. «En ellos», recuerda, «se dan fuertes contrastes: por una parte, están vitalmente inclinados a romper con lo establecido y buscar lo nuevo pero al mismo tiempo, su débil voluntad les hace más indefensos para acoger las propuestas de lo fácil e inmediato».












