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RSS | ed. impresa | Regístrate | 6 julio 2008

Sociedad

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Vinos susurrantes
Julio Sáenz, enólogo de La Rioja Alta, SA, ejemplificó con una completísima cata la constante evolución de este gran clásico, presente además en Rías Baixas y Ribera
05.10.07 -
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Vinos susurrantes
El enólogo en la cata del hotel Husa Gran Vía. /J. RODRÍGUEZ
Dice Julio Sáenz, enólogo de La Rioja Alta, SA, que es sencillo comentar una cata de sus vinos: «Hablan por sí solos, son honestos y francos, de los que se apura hasta la última gota». Y el miércoles por la noche las copas susurraron hasta esa última lágrima a los oídos de los aficionados que acudieron al hotel Husa con
lomejordelvinoderioja.com.


La reciente historia de La Rioja Alta, SA es una historia de viñedos. La compañía dejó de hacer blancos de Rioja en 1994: «Nos resultaba difícil hacer entender el Ardanza blanco, así que decidimos invertir en Rías Baíxas en busca de algo más en línea con el mercado», recuerda Julio Sáenz. En poco más de una década, la firma ha logrado reunir una espectacular finca de 60 hectáreas en O Rosal y otra de 14 hectáreas en Cambados. De allí sale Lagar de Cervera, con el que Julio comienza la cata. Es un blanco que supera el tradicional carácter varietal, fresco y afrutado de los albariños: «Queríamos, además, volumen y estructura». El objetivo se ha conseguido y el enólogo confiesa empezar a estar «satisfecho» con las añadas 2005, y la de ayer de la cata, la 2006.



Ribera. Una historia de viñedos es también la aventura de Ribera de Duero. La Rioja Alta compró en 1989 una finca de 97 hectáreas en Anguix (Burgos). El grupo quería vinos más estructurados y carnosos, antes incluso de que buena parte de la crítica comenzara a acusar de inmovilismo a los grandes clásicos. Aster tardó diez años en sacar su primer vino, donde predomina el roble francés, con tempranillo más maduro y con estructura, aunque sin perder la finura de la casa. Julio presentó ayer el Áster 2002, un vino que crece cada año: «Hay que ser honestos con las viñas viejas» sostiene. «Los viñedos de Áster aún son jóvenes -continúa- y empiezan ahora a entrar en una etapa muy interesante».



Rioja. La cata llega a Rioja y Julio nos lleva a Páganos (Laguardia). El grupo adquirió allí Torre de Oña, una bodega estilo chateau con 67 hectáreas de viñedo. El Barón de Oña es un vino de finca para un público, se supone, más actual. Con predominio de roble francés es un opuesto a las marcas centenarias.

Galicia, Ribera y Laguardia son las extremidades de La Rioja Alta, pero el corazón es Haro y esos vinos finos, que se pueden guardar durante décadas. «Creemos en los cupajes, en las variedades y, por qué no, en el roble americano que ha acompañado tantos años a Rioja», explica el enólogo. «También nos gusta el roble francés, el vino de pago, pero ya es hora de dejar de enfrentar a unos y otros».



Haro. El primer sorbo es de Alberdi 2001, que Julio presenta en primicia vestido con una nueva etiqueta que reproduce un cuadro de la colección de la bodega y que rompe la imagen de la marca: «Es aún una prueba», advierte Julio. «Es posible que en la añada 2002 vuelva a la etiqueta convencional, pero hemos dado este paso con el 2001, una añada muy especial y buena para el Alberdi».

Llega el Ardanza 2000, la primera vez que La Rioja Alta lo embotella en mágnum. Es una de las marcas más vendidas en España. Un gran clásico, cuyo secreto es la garnacha de Tudelilla. Esa uva característica de una zona de Rioja, pero que, ante la tentación del tempranillo, ha ido perdiendo peso. La Rioja Alta, SA ya ha movido ficha: ha comprado 63 hectáreas de garnacha en la Pedriza que garantizan el futuro del Ardanza.

De un gran clásico a otro. El gran reserva 904 de 1995. Es el graciano el que complementa el tempranillo en este vino. Ahora en el mercado tras casi doce años de guarda entre madera y botella, no es tan teja como hace unos años. «La bodega y sus vinos evolucionan constantemente» insiste Julio. Es el 904 de siempre, fino, elegante, complejo y propio, pero efectivamente ha movido ficha, sin prisa, pero sin pausa.

Julio se empeñó en negar con hechos ese supuesto inmovilismo mal atribuido y cerró con una nueva primicia: el Marqués de Haro 2005. Un banco de pruebas, que sólo sale al mercado en ocasiones muy contadas. Son 5.000 botellas, con una crianza mucho más corta, y predominio de roble francés. «Nosotros también sabemos hacer otro tipo de vinos» recuerda el enólogo, «aunque su vocación no es sustituir al Ardanza, ni mucho menos», aclara. Sorprendió el último vino y sorprendió la cata: un repaso a susurrantes sorbos de la «evolución, no revolución» pausada y viva de La Rioja Alta, SA.
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